lunes, 9 de enero de 2017

La Iglesia traicionada


En 2010, el profesor Antonio Caponnetto publicó un libro titulado La Iglesia traicionada. En él, daba a conocer a los lectores quién era en verdad el entonces arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, el cardenal Jorge Bergoglio. Y lo daba a conocer a partir de documentos públicos, a los cuales cualquiera puede acceder. Y, también, a partir de documentos privados que el mismo purpurado le había enviado en su momento. En efecto, el 14 de octubre de 1992, Mons. Jorge Bergoglio, en ese entonces obispo auxiliar de Buenos Aires, le escribía al autor: “San Cesáreo de Arlés decía que los fieles tienen que ser -para con el obispo- lo que el ternero a la vaca: así como el ternero le hociquea la ubre para que descienda la leche, así los fieles deben golpear, hociquear, al obispo para que les dé la leche de la divina sabiduría. Tenía razón el santo obispo. Y a mi humilde entender, la mejor ayuda que un obispo puede tener de sus fieles es que no lo dejen tranquilo” (p. 17).
Y Caponnetto le hizo caso: no lo dejó tranquilo. Lo hociqueó continuamente; con el libro al que hicimos referencia, con otro posterior -cuando ya había sido elegido Papa-, llamado Francisco, y un tercero próximo a aparecer.
Cuando Bergoglio fue elegido Sumo Pontífice, algunos obispos conservadores argentinos -aquellos siempre prestos a llevarle una manzana al Papa- renegaron de Caponnetto. Tanto el de San Luis como el de San Rafael, prohibieron a sus fieles organizar conferencia alguna con su presencia, y el pequeñín Eduardo Taussig, llegó a amenazarlo con el entredicho (?), tal como dimos cuenta en su momento. Esos mismos obispos que andan a los besuqueos con quienes niegan la divinidad de Nuestro Señor cuando asisten a cordiales encuentros con la comunidad judía, o con quienes niegan el dogma de la Santísima Trinidad cuando celebran reuniones ecuménicas con protestantes de diversos pelajes, cabalgan lanza en ristre sin temores ni cobardías cuando se trata de defender al Romano Pontífice. No sea que Bergoglio se entere que en su diócesis se habla mal de él y les caiga una misericordiación de arriba. Ese es su mayor temor: no trepar en la carrera eclesiástica y quedarse anclados en las diócesis periféricas.
Releyendo el libro de Caponnetto en estos días estivales -libro escrito tres años antes del aciago 13 de marzo de 2013-, uno cae en la cuenta de la capacidad profética que ha tenido Caponnetto. Con prosa vibrante e implacable, como es la suya, desenmascara al verdadero Bergoglio.
Dejo aquí -con permiso del autor-, algunas partes del capítulo central del libro. Vale la pena leerlo. Es una lectura triste y dolorosa pero necesaria, puesto que nos hace caer en la cuenta y recordar quién es verdaderamente el papa Francisco, qué es lo que está haciendo y qué es lo que hará con la Iglesia de Cristo.
Quienes deseen adquirir el libro, pueden ponerse en contacto con la editorial Santiago Apóstol

viernes, 6 de enero de 2017

Nobleza obliga


En este blog somos particularmente críticos del episcopado argentino, y en ocasiones hemos sido críticos también del arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer. 
Nobleza obliga, debemos reconocer en él a un pastor que habla claro, sin ninguna vergüenza ni corrección política, de las verdades de nuestra fe, lo cual ha quedado demostrado una vez más en un reportaje que le realizaron hace pocos días.
Aquí dejó el enlace. Vale la pena escucharlo. Un vaso de agua fresca en medio de tanto calor, o un poco de sencillas verdades católicas en medio de tanta confusión y silencio. 

miércoles, 4 de enero de 2017

Beria en el Vaticano


Laurenti Beria fue uno de los personajes más temibles y crueles del régimen estalinista. Miembro de la cheka, luego de la NKVD (antecedente de la KGV), se erigió en mano derecha de Stalin para establecer una enorme red de espionaje y ejecutar las purgas contra “los enemigos del pueblo”, es decir, los enemigos del líder soviético.
Las noticias de lo que está ocurriendo en el Vaticano en los últimos días llevan a pensar que un hijo de Beria se ha instalado en los poderes más elevados de la Iglesia católica, con su propia red de espionaje y las purgas consecuentes.
Nos referimos, por cierto, al Papa Francisco que, jesuita al fin, es bien ducho en la promoción del espionaje y la delación. Relata Sebastián Randle en el capítulo 51 del segundo tomo de su biografía de Leonardo Castellani (que aparecerá publicada en Vórtice en abril próximo), que visitó semanalmente durante dos años, autorizado expresamente por el Provincial, el archivo secretos de la Compañía de Jesús en Argentina que se conserva en el colegio Máximo. Descubrió allí que la Compañía posee lo que denominan “Régimen de Consultas” y que consiste en lo siguiente: en cada casa religiosa hay un “consultor” designado secretamente por el Provincial que tiene por incumbencia informarle anualmente sobre cada uno de sus cófrades en aquella casa. El resultado son incontables cartas-informes (algunas considerablemente extensas, otras, breves) en que el “consultor” se despacha a gusto y piacere criticando a los que conviven con él. El provincial, con esa información clasificada, sabe qué hacer con sus súbditos. Éstos, por su parte, sabiendo que tienen un topo entre ellos, y que no pueden hacer nada al respecto, viven cuidándose continuamente sobre lo que dicen, hacen y ofenden, no vaya a ser que aquél en quien confían o el que moja el pan en su mismo plato, sea el que pasa información al superior que será, en última instancia, quién decidirá sobre su futuro.
Este régimen establecido por los bondadosos hijos de San Ignacio, fue abundantemente utilizado por el P. Jorge Bergoglio mientras era provincial (1973-1980), como bien pueden atestiguar los sacerdotes que lo padecieron en ese periodo (pregunten, por ejemplo, a quien fue su socius). Y exportó el mismo régimen de espionaje cuando se hizo cargo del arzobispado de Buenos Aires. Los que conocen los intríngulis curiales, relatan que el entonces cardenal Bergoglio había fichado sacerdotes en cada diócesis y congregación religiosa del país para que le enviara información confidencial (omitiré en este caso relatar los fines para el cual la usaba). Sería este uno de los motivos por los que sus pares obispos argentinos jamás lo quisieron. 
No resulta demasiado difícil descubrir quiénes eran los topos de Bergoglio: la mayoría de ellos han sido nombrados obispos. Ponemos el caso de Mons. Jorge Torres Carbonell, que era el encargado de reportar, entre otras cosas, los movimientos financieros de los obispos argentinos. O bien, del frustrado monseñor Carlos Novoa, fraile capuchino y espía de Bergoglio en esa orden, que fue nombrado obispo auxiliar de Lomas de Zamora y, pocos días antes de la consagración renunció, según se dice “apretado” por la revelación de algún secreto inconveniente. 
Esta misma red de espionaje y sospecha ha sido instalada por Francisco en la Curia Vaticana, y está dando sus frutos. Beria ha comenzado la purga. Hagamos un repaso de lo ocurrido en los últimos meses.
1. Hace algunas semanas el sitio Life Site News dedicó un artículo a describir el ambiente de miedo y angustia que se respira en el Sacro Palacio donde todos los oficiales vaticano miran a los cuatro costados antes de decir una palabra por temor a los micrófonos ocultos o a los oídos traidores.
2. A fines de octubre, pocos meses después que el cardenal Sarah invitara a los sacerdotes católicos a volver a celebrar la Santa Misa ad orientem, el Papa Francisco le vació literalmente la Congregación para el Culto Divino de la cual es prefecto, llenándosela con cardenales y obispos conocidos por su ideas progresistas, entre ellos, el deletéreo Piero Marini, discípulo de Mons. Bugnini y esperpéntico maestro de ceremonias de Juan Pablo II.
3. Hace un par de años degradó al cardenal Burke de su puesto en la Signatura Apóstólica y lo ubicó como patronus de la Orden de Malta. Pero, liderando el prelado americano a los cardenales de las dubia, pretendió vaciarle la Orden, o intervenirla, lo cual fue impedido como ya dimos a conocer hace pocos días. 
4. A mediados de noviembre, Bergoglio decidió abolir los estatutos de la Pontificia Academia para la Vida, que había sido creada por Juan Pablo II y estaba estrechamente relacionada con el cardenal Carlo Caffarra, otro de los firmantes de las dubia, y establecer nuevas reglamentaciones que permitirán remover a todos sus miembros y nombrar otros nuevos, esta vez sin ningún tipo de discriminación religiosa. Como presidente fue encumbrado Mons. Paglia, conocido defensor de las parejas homosexuales y de la nueva moral de las periferias.
5. Una fuente inobjetable relató que todos los sacerdotes y laicos que trabajan en la Santa Sede viven temerosos de hablar con quien sea puesto que saben que una palabra de más les puede costar el puesto. Fue el caso de dos sacerdotes que trabajaban en la Congregación para la Doctrina de la Fe y que en alguna reunión fueron un poco críticos del Papa Francisco. Pocos días después, fueron expulsados del dicasterio y devueltos a sus diócesis. Los pobres curas comentaba que consideraban que ellos serían sólo los primeros de una purga mucho mayor.

6. Y pareciera que ese es el caso. Marco Tossati, incuestionable conocedor de los pasillos vaticanos, comenta lo ocurrido la semana pasada en la Congregación para la Doctrina de la Fe. El cardenal Müller recibió una nota del Santo Padre ordenándole que despidiera y enviara a casa a tres buenos y fieles sacerdotes que habían trabajado allí durante años: un americano, un francés y un mexicano, sin dar ninguna explicación. La nota decía: “Le pido que por favor despida a ...”. El prefecto de la Congregación quedó perplejo y, antes de cumplir la orden, pidió en varias ocasiones una entrevista con el Papa la cual era siempre postergada. Finalmente, recibido por el Pontífice, le dijo: “Santidad, he recibido esta carta, pero no sé que hacer porque estas personas están entre las mejores de mi dicasterio. ¿Qué hicieron?” La respuesta fue la siguiente: “Y yo soy el Papa, y no tengo necesidad de dar razones de ninguna de mis decisiones. Yo decidí que estos tres se tienen que ir, y se tienen que ir”. Se levantó y estrechó la mano del cardenal Müller dando a entender que la entrevista había terminado. El 31 de diciembre, los sacerdotes dejaron su puesto en Roma, luego de largos años de servicio. Según parece, uno de ellos había sido un poco crítico con algunas decisiones deFrancisco. La crítica fue escuchada por algún espía y el chisme pronto llegó a los misericordiosos oídos pontificios. 
7. En diversas ocasiones hemos hecho referencia a la periferia sacerdotal a la que recurre el Santo Padre para escoger los obispos argentinos. Nadie puede olvidar al danzarín Mons. Pedro Torres o al lumpen Chino Mañarro. Sin embargo, el criterio de selección no rige solamente para nuestro país. Comenta también Tossati el siguiente caso: Se necesitaba nombra un obispo en cierto país. El nuncio había preparado la terna. El cardenal prefecto del dicasterio, Marc Ouellet, durante la asamblea ordinaria, tomó la palabra diciendo: “El primer candidato propuesto es óptimo, y el segundo es bueno. Pero quisiera advertir sobre el tercero, al que conozco bien desde que era seminarista, y que presenta problemas tanto en el plano de la doctrina como de la moral”. Pero resulta ser que este tercero era amigo de alguien importante, por lo que, otro purpurado muy cercano al poder pontificio (¿Baldisseri?) que asistía a la asamblea increpó al cardenal prefecto por su opinión. En esa reunión no se decidió nada pero al día siguiente, el secretario personal del Pontífice se presentó en la Congregación diciendo que el elegido había sido el tercero. 

En fin, si estos son los casos que se filtran, podemos imaginar lo que está ocurriendo dentro de la Curia, y de lo cual no nos enteramos. Lamento que mi corresponsal Dall’Ombra der Cuppolone se haya llamado a silencio, aunque puede entenderse su decisión.

Conclusiones:
1. Cuando el cardenal Daneels admitió hace poco más de un año la existencia de un club o mafia de cardenales, apodada de Saint Gallen que, desde 1996, confabularon para que Ratzinger no se convirtiera en el sucesor de Juan Pablo II y, cuando esto sucedió, para forzarlo a renunciar, no estaba relatando una novedad. Malachi Martin, en 1978, había escrito su libro El último cónclave (que pueden leer aquí en portugués), en cuya parte de no-ficción (la primera), explica una trama análoga liderada por el cardenal Villot y autorizada por el mismísimo Pablo VI. Y lo más plausible es que estos cardenales no solamente hayan elegido un sucesor de Benedicto sino que le hayan trazado también las líneas programáticas de su pontificado: modernizar la Iglesia adaptándola a los cambios producidos en el mundo en las últimas décadas. Es este el espectáculo al que estamos asistiendo: el cambio de la religión.
La impresión que dan los pocos hechos que he relatado en este post, es que Bergoglio y lo suyos están tratando de vaciar el contenido de la fe, a fin de reemplazarlo por otro, pero conservando las estructuras. De ese modo, serán pocos los que, efectivamente, se darán cuenta que lo que en verdad se cambió fue la religión. Es lo que hicieron los arrianos en su momento. En su época de mayor esplendor (s. IV) la mayor parte de las sedes episcopales estaban ocupadas por obispos arrianos, y los obispos ortodoxos debían celebrar en alguna casa de familia rodeados de los pocos fieles que los seguían. Y algo similar ocurrió en Alemania con Lutero: en las primeras décadas de la Reforma, poca gente se dio cuenta que, efectivamente, se había cambiado la religión puesto que los cambios que veían les parecían secundarios. 
Creo que es eso lo que está haciendo Bergoglio. Ha comenzado a vaciar las estructuras de la Curia romana para poder llenarla luego con quienes le son fieles. Mantendrá las estructuras, pero cambiará la fe.

b. El vaciamiento de la Congregación para la Doctrina de la Fe no es un hecho menor. En la actual estructura de la Iglesia es el único organismo que tiene cierta autoridad para ponerle límites al Papa. De hecho, todos los documentos que éste escribe deben pasar por la Congregación que le señala errores, ambigüedades, etc. y le sugiere cambios (que Bergoglio nunca acepta). El cardenal prefecto tiene autoridad para frenarlo o, al menos, para expresar públicamente la enseñanza de la verdadera fe para que pueda ser contrastada con las falsedades que nos quiere imponer Francisco. Si ese dicasterio se vacía y se puebla de seguidores del actual pontífice, ya nadie podrá cumplir esa misión con autoridad. Serán, en todo caso, opiniones de "cardenales ultracatólicos" o de "cardenales rebeldes", pero no más que eso. 
Insisto, entonces, en la enorme gravedad que implica lo que está ocurriendo en la Curia Romana. En una organización tan profundamente centralizada como es la Iglesia católica, los cambios en el centro del poder repercutirán rápidamente en todo el mundo, sobre todo si tenemos en cuenta la cobardía y doblez de los obispos. 

Esto me lleva a plantear dos escolios:
1. Frente a todo esto, nada puede hacerse. El papado, tal como se fue construyendo en la iglesia latina a partir del segundo milenio, terminó por crear un monstruo inmanejable: Francisco. Ya hemos insistido en numerosas ocasiones en este hecho, pero las consecuencias son cada vez más claras y cada vez las padecemos más. Frente al poder omnímodo y absoluto de Bergoglio nada puede hacerse. Nadie puede oponerse. Lo único que cabe esperar es el día en que el Señor se acuerde de él, o bien, que alguna bondadosa monjita le acerque una tisana fortificada, como en los buenos tiempos de los Borgias.
2. Cuidémonos de ser demasiado ingenuos con respecto a la red de espionaje montada por Bergoglio. Hay un antecedente cercano: el Sodalitium pianum, una sociedad secreta fundada en 1906 y dedicada a espiar a sacerdotes, obispos y cardenales para descubrir a los modernistas que se alojaban dentro de la Iglesia. Esta organización fue aprobada y financiada por el papa San Pío X (de allí su nombre) y disuelta por Benedicto XV. Ningún tipo de sodalitium es aceptable, ni el pianum ni el franciscanum. El fin no justifica los medios

lunes, 2 de enero de 2017

Carta al adolescente

En respuesta al comentario de un adolescente recibido hace algunos días:


Estimado adolescente:
Quizás su comentario podría resumirse en uno de sus propios párrafos: “¿En verdad creen que delatando errores, malas conductas e, incluso, herejías de la jerarquía eclesiástica se saca algún provecho? ¿Acaso ustedes pueden hacer algo al respecto?”
Le tengo que decir que sí, que en verdad creo -y si usted echa un vistazo a la blogísfera católica verá que son muchos los que opinan como yo-, que en este momento el deber de algunos es denunciar lo que está ocurriendo con la Iglesia y en la Iglesia. 
Por cierto que es importante anunciar el amor a Dios y al amor al prójimo al que nos manda el Evangelio, pero si hay verdadero amor a Dios, se defiende su causa cuando es atacado por sus enemigos. Zelo zelutus sum pro Domino Deo exercituum (“Me consume el celo por el Señor Dios de los ejércitos”) decía el profeta Elías, y se lanzaba a combatir a los dioses paganos y a sus sacerdotes. Y esa era su modo (o su carisma) para demostrar el amor a Dios y el amor a sus hermanos judíos, porque el amor más grande hacia el prójimo es mostrarle la Verdad de Dios tal como nosotros hemos tenido la gracia de conocerla.
Estamos viviendo desde hace algunas décadas momentos gravísimos. Si no fuera por la promesa hecha por Nuestro Señor a Pedro, muchos de nosotros pensaríamos que la Iglesia está punto de desaparecer, engullida por el Mundo y, lo más grave de todo, entregada por quienes ocupan el lugar de administradores: el Papa y los obispos. Sabemos que esto había sido profetizado en el Apocalipsis y otros libros sagrados; los principales exégetas y comentadores así lo han explicado e, incluso, las revelaciones privadas que se ha dignado hacernos la Santísima Virgen hablan de lo mismo. Pero saber que todo esto debe cumplirse no nos exime del deber de la denuncia. 
Ciertamente, esa función -denunciar e identificar a los lobos que rodean el rebaño- es función principal e ineludible de los pastores pero, como sabemos, nuestros pastores, en su inmensa mayoría, se han vendido a los lobos y no trepidan en entregar sus ovejas a cambios de los favores y aplausos del mundo. Son pastores que fornican con los poderes de la tierra. Y me refiero a los obispos, sobre todo a los argentinos, que son los que más conozco. No sucede lo mismo con buena parte de los sacerdotes, que son fieles pastores de su rebaños y, por eso mismo, son perseguidos implacablemente con la crueldad que solamente un obispo puede exhibir. Sé de sacerdotes que, siguiendo la sugerencia del cardenal Sarah, comenzaron a celebrar la misa ad orientem en sus parroquias y sus obispos desataron contra ellos feroces persecuciones. Y ellos no poseen muchos medios de defensa; suelen estar solos, desamparados y empobrecidos. 
A los laicos, entonces, corresponde suplir en cuanto podemos la función que ellos -los obispos- no cumplen, y denunciar a diestra y siniestra los estragos que estamos viendo a diario. Y estas denuncias no tienen como objeto escandalizar. Por el contrario, buscan evitar el escándalo que provocan en los fieles las palabras y los gestos del Papa Francisco y de sus adláteres. Y le pongo un par de ejemplos muy recientes:
1. Un alto oficial de la Curia vaticana, el P. Hofmann, dijo la semana pasada: “Queridos amigos judíos e israelíes, no se preocupen que no se le dará a la FSSPX la regularidad canónica”. Este personaje, desembozadamente y sin ninguna vergüenza, admite que, para una parte al menos del Vaticano, es más importante estar de amigos y mantener “relaciones carnales” con los judíos en vez de levantar las injustas sanciones canónicas que pesan sobre un importante número de católicos nucleados en la Fraternidad. Prefieren al enemigo aún a costa de entregar a los propios. O, dicho de otro modo, entregan a las ovejas para que sean devoradas por los lobos.
2. A partir del último viernes, Argentina cuenta con una edición semanal de L’Osservatore Romano, que ha sido puesta a cargo, por expreso deseo de Bergoglio, de Marcelo Figueroa, un “teólogo” protestante y de Santiago Pont Lezica, director de FM Milenium, una radio que se precia de ser ecuménica porque “se seleccionan textos del Corán, como de diferentes religiones”; se lee la Biblia o la promueve la campaña de la tolerancia...”. El objetivo de la nueva publicación es "llevar la palabra verdadera y concreta del Papa”. Es decir, la palabra del sucesor de Pedro y vicario de Cristo, de aquél puesto para confirmar a sus hermanos en la fe, estará en manos de un protestante y de un licuado de religiones; es decir, estará en manos de los lobos. Una vez más, y en este caso el mismísimo Sumo Pontífice, entrega el aprisco a la jauría para que se den un festín. 
Dígame usted, estimado adolescente, si frente a esta situación no le hierve la sangre y no siente la necesidad de denunciar el crimen que se está cometiendo. Y más aún, si no le asombra y rebela que aquellos mismos que se proclaman devotos católicos y a quienes Dios ha concedido suficiente inteligencia para discernir, sigan ciegamente -insisto, ciegamente- las palabras del Papa Francisco, aún a costa de sus propios hermanos. Los famosos neocones, la quinta columna dentro de la Iglesia, que pretenden fidelidades a Santo Tomás de Aquino y se agrupan como la Falange española, pero terminan siendo funcionales a un enemigo peor aún que la Pasionaria.  
Finalmente, señor adolescente, dice usted: “no gasten tintas en otra cosa que no sea para parir la verdad que salve o bien para incrementar nuestro amor hacia el prójimo; de lo contrario, callen…pues ya estamos saciados de desprecios”. Recuerde que la Verdad ya fue parida por la Santísima Virgen un día de Navidad hace algo más de dos mil años, y el mensaje que la Verdad nos trajo lo tiene usted en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, tal como nos ha sido enseñada por los Padres y Doctores de la Iglesia. Allí debe acudir en busca de la Verdad. A nosotros, en este momento histórico, se ha encomendado la tarea de denunciar el error, para que la Verdad brille aún más. 
Como usted dice, repitiendo el salmo 122, “estamos saciados del desprecio de nuestros enemigos”.  Los que escribimos y comentamos en este blog también estamos saciado del desprecio de nuestros enemigos desde que éramos adolescentes como usted. Y aquí nos tiene, varias décadas más tarde, con el mismo desprecio a cuesta. Esto vir! Sea hombre, y resista. 

jueves, 29 de diciembre de 2016

"Le queda poco tiempo"

El 23 de diciembre, el influyente semanario alemán Der Spiegel publicó un artículo de Walter Mayr, corresponsal en Italia sobre la actual crisis de la Iglesia, en el que habla de la creciente resistencia a las reformas del Papa Francisco. Pueden ver aquí el artículo original, y aquí una síntesis en inglés. A continuación, va una síntesis en español tomada del blog Catholicus:

En un círculo muy pequeño, se dice que Francisco ha hecho auto-crítica explicándose a sí mismo de la siguiente manera: "No hay que excluir que pase a la Historia como el que dividió a la Iglesia Católica"Mayr opina que el Papa, por no responder a las dubia, en el pecado lleva la penitencia, como diríamos en español, traduciéndose ésta en incomprensión y más aislamiento.
Por su parte, el Cardenal Walter Brandmüller, uno de los firmantes de las dubia, que no asistió a la Misa oficiada por el Papa en la capilla Paulina del Vaticano por su 80 cumpleaños debido a su delicado estado (tiene 87 años), en su apartamento junto a la basílica de San Pedro dijo a Mayr lo siguente: en la verdad "se trata de todo o nada" ["es geht um die Wurst"], por decirlo en términos coloquiales. Es decir, se trata del "núcleo de todo, de la enseñanza de la Doctrina".
Además, agrega Mayr, el Papa Francisco -junto con el cardenal Walter Kasper- desea "suavizar los preceptos centrales de la fe católica y dejar a los obispos y sacerdotes locales la tarea de interpretarlos para la vida cotidiana de la gente". Enfoque que, según Brandmüller, ataca la base misma de la Iglesia universal:
"Quien piense que el adulterio persistente y la recepción de la Santa Comunión son compatibles es un hereje y promueve el cisma". La Santa Escritura, de acuerdo con Brandmüller, no es un lugar donde todo el mundo pueda elegir lo que le gusta: "Somos, de acuerdo con la Apóstol San Pablo, administradores de los misterios de Dios, pero no poseedores del derecho de disponer de ellos" (o 'de rechazarlos').
En opinión de Mayr, "hay mucho en juego". Para él, "Francisco parece estar cada vez más aislado" y también "desgastado". Un confidente del papa le ha dicho a Mayr: "Muchos ya no reconocen en el Francisco del año 2016 al hombre que eligieron en 2013". El periodista también describe cómo el Año de la Misericordia "ha dejado todo abierto" y "no ha cubierto en absoluto las expectativas". La reforma curial tampoco avanza; y, "desde algunos dicasterios, ahora llegan informes del 'caos total'". Según Mayr, "la volubilidad de Francisco causa problemas adicionales"; sus comentarios sobre los medios de comunicación y su tendencia hacia la "coprofagia" han causado indignación incluso entre sus acérrimos seguidores.
Según Der Spiegel, Francisco "aún está luchando por su legado". Trabaja desde las 5 de la mañana. "No le queda mucho tiempo", dice Mayr. Pero el Papa Francisco todavía podría tener algunas sorpresas para nosotros. Y, a continuación, el artículo de Der Spiegel concluye con las palabras recientemente atribuidas a Francisco y citadas más arriba: "No hay que excluir que pase a la Historia como el que dividió a la Iglesia Católica".


martes, 27 de diciembre de 2016

La Navidad es triste


Daría la impresión que, en las últimas semanas, el Papa Francisco ha entrado en una suerte de vorágine que es fácilmente percibida hasta por los medios laicos. No se trata solamente de su desorientación acerca del modo de proceder con los cuatro cardenales dubitativos (que como bien señala Sandro Magister son solamente la punta del iceberg de muchísimos cardenales y obispos más) o de su precipitación en la toma de decisiones, como lo acaecido con la Soberana Orden de Malta a la que confundió con una orden religiosa más, sino en lo que dice. 
Dábamos cuenta ayer de la expresión blasfema que pronunció hace diez días, y me detengo hoy en un asombroso párrafo de su homilía de Nochebuena, en la que afirmó:
“El misterio de la Navidad, que es luz y alegría, interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza. Lleva consigo un sabor de tristeza, porque el amor no ha sido acogido, la vida es descartada.”.
Más allá que vuelve una vez más a su insufrible latiguillo de “vida descartada” que tanto éxito le proporcionó en Buenos Aires, su pretensión de que la Navidad sea también un “misterio de tristeza” choca con la milenaria tradición de la Iglesia que siempre vio en el Nacimiento del Redentor el misterio más profundo del gozo y la alegría. Recuerdo aquí una de las homilías más bellas y universalmente celebradas del Papa San León Magno, doctor de la Iglesia:
“Nuestro Salvador, amadísimos hermanos, ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa.
Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca a la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida. (...)”.
(San León Magno, Sermón 1 En la Natividad del Señor, 1.3: PL 54, 190-193)

Frente a esto, veo dos posibilidades:
1. Estupidez. El autor de un comentario del día de ayer decía que “Francisco ha dado sobradas y manifiestas muestras de la imbecillitas de su intelecto especulativo”. Objeto, sin embargo, que un Papa no puede desconocer, por más imbecillitas mentis que sufra (aclaro que uso el término imbecillitas en su sentido latino, es decir, como debilidad de la mente), un elemento tan importante y anualmente repetido como es el gozo navideño en su sentido teológico más profundo. Esta ignorancia, si existiera, lo haría inhábil para la función que ejerce. 
Por otra parte, podríamos “perdonarle” una, dos o hasta tres imbecilidades, pero no podemos estar buscando todas las semanas, como hace el comentarista al que recién aludí, los razonamientos más esforzados para salvar su ortodoxia y salud de juicio.
2. Maldad. El Papa Francisco nos estaría predicando otro evangelio, diverso al que nos predicó Nuestro Señor y fue conservado y transmitido por la Tradición de la Iglesia a través de sus Santos Padres y Doctores.
Soy consciente de que esta posibilidad que planteo es dura y grave. Pero detengámonos por un momento a analizar tan solo las palabras pronunciadas en el discurso al personal del Hospital Niño Jesús que publicamos en el post anterior, y las de esta misma entrada. Si uno tiene la paciencia necesaria para escuchar ambas peroratas, salta enseguida un característica común -y que es común a todos sus discursos y escritos-: el rechazo y la negación de la trascendencia de nuestra Fe y la presentación de las verdades del Evangelio desde una perspectiva meramente humana e inmanente
Mecha los nombres de Dios y de Cristo a lo largo de todo el discurso, pero no estoy seguro que aluda al Dios cristiano. Es, más bien, un Dios que se resuelve en la inmanencia del devenir humano, y es por eso que “Jesús no hace un discurso teórico, sino que nos ha mostrado el modo de dar sentido a estas experiencias humanas” -como dijo en el primer caso, afirmación extremadamente grave-, y es por eso también que la Navidad es triste porque María y José no fueron recibidos en ningún albergue. 
Nadie dijo que los Falsos Profetas anunciados fueran a predicarnos desembozadamente una fe diametralmente opuesta a la nuestra; lo previsible por parte de los hijos de las tinieblas, que son más astutos que los hijos de la luz, es que su prédica utilice expresiones y palabras que suenan familiares a los oídos católicos pero que poseen un significado totalmente distinto. 

¿Será ese el caso del Papa Bergoglio?