miércoles, 1 de junio de 2011

Caveant sacerdotes!



“¡Guarda con los curas!”. Así podría traducirse el título de este post. Y aunque parezca wanderiana, la expresión no es mía, sino de Hillaire Belloc. Me puse a leer hace algunas semanas su biografía escrita por Robert Speaight, una obra excelente y recomendable, ya que lo conoció personalmente y, además, su trabajo estuvo “supervisado” por Ronald Knox y Mrs. Asquith, dos grandes amigos del gran Hilario.
El libro trae algunas páginas memorables y aquí he traducido un par de ellas porque me parecen interesantes para discutir. No sé si estoy de acuerdo en todo lo que decía y pensaba Belloc, pero ciertamente provoca la reflexión. Y empiezo con algunas:
1. Como decía Evelyn Waugh, el catolicismo inglés no vivió la Contrareforma, y eso hace una diferencia. Se trata de una religiosidad que conservó características medievales, que se perdieron durante el periodo contrareformista, enturbiándose de esa manera algunos aspectos de la práctica de la fe. Por ejemplo, es un catolicismo más libre, o desprendido, de “magisterios paralelos” a los que nosotros somos tan afines. Así, Belloc no tendrá reparos en decir que no le gusta la espiritualidad de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, algo que, dicho en grupos católicos argentinos, puede valer una dura condena de ostracismo. Nos parece, en efecto, que necesariamente la espiritualidad de estos dos grandes santos es parte integrante de la espiritualidad cristiana y, por tanto, ineludible. Y sabemos que no es así.
2. La religión que propone Belloc es una religión desclericalizada, en la que los sacerdotes ocupan el lugar que les corresponde: dispensadores de la gracia de Dios a través de los sacramentos. En nuestro caso, muchas veces se observa una malsana “clerigodependencia”, en la que algunos sacerdotes pretenden ocupar el papel de dueños de la religión y, consecuentemente, en la que el grado de religiosidad del laico se medirá por su nivel de adhesión a los ellos. Y así, un buen cristiano es el que pertenece a grupos parroquiales, colabora con la feria de platos de los domingos, pone a disposición su camioneta para trasladar a los jóvenes de la parroquia y hace de guía en la misa. En cambio, quien “sólo” va a misa los domingos y luego desaparece de la “vida comunitaria parroquial”, es apenas un cristiano de misa dominical, es decir, cristiano a medias, es decir, sospechoso. El problema de todo esto, es que una religiosidad concebida de este modo crea un real problema de conciencia en los laicos -Dios se los pagará-, capaces de sacrificar lo insacrificable para satisfacer al cura.
Y ahora, el texto de Speaight:

Es extraño de que, a pesar de su nostalgia por el Paraíso, que lo llenaba de humilde esperanza y también de la melancolía propia de un affaire amoroso, haya tenido tan poca comprensión del misticismo. Ciertamente, aceptaba las experiencias místicas garantizadas por la autoridad de la Iglesia, pero le parecían peligrosas, anormales y, por lo general, inapropiadas para el hombre. En una de sus visitas a España, le habían recomendado que estudiara a El Greco, porque era “el pintor de lo sobrenatural” pero, al hacerlo, consideró que este pintor era un “lunático repulsivo”. En otra ocasión, le aconsejaron que leyera un ensayo sobre San Juan de la Cruz, pero “encontré todo el tema repulsivo. No digo -no soy tan estúpido para hacerlo- que sea falso. Pero digo que yo no fui hecho para entender esta cuestión de la “unión con Dios”, y me refiero a Santa Teresa y al resto. No sé de qué se trata y la descripción de la soledad y el desprendimiento, la ‘necesidad de la noche del alma’, me disgusta tanto como la música de Wagner o el cordero hervido. Es bueno para los demás, pero no para mí. Estoy tan hecho para eso como lo está un elefante para el caviar, o un perro para la ironía” (Carta a Mrs. Raymond Asquith, 23 de febrero de 1927).
Cuando su hijo Peter cumplió quince años, le dijo que creía que tenía vocación para la vida religiosa y que le gustaría entrar en el noviciado de un monasterio benedictino. Belloc le respondió inmediatamente: “Sacate esa idea de la cabeza. No estás hecho para eso. Ningún Belloc puede hacer esa clase de cosas”. En realidad, esto no era del todo cierto, puesto que dos de sus nietos son ahora miembros de órdenes religiosas.
La práctica religiosa de Belloc era simple y de costumbre. Asistía, cuando podía, a misa, pero confesaba que el “hábito moderno de la comunión frecuente para los laicos había llegado muy tarde para convencerlo”. Le gustaba recordar cada una de sus comuniones y asociarlas con lugares particulares, con la capilla de King’s Land [su casa en la campaña inglesa] y las tarjetas del obituario de Elodie y Louis [su esposa y su hijo] pegadas en la pared, o con la capilla que lady Phipps había hecho construir en su casa de West Stowell entre las colinas de Wiltshire. Siempre llevaba un rosario que había pertenecido a su esposa, y un día casi desespera de angustia en medio de Holborn porque pensó que lo había perdido. Si quería algo para sí o para un amigo, encendía una vela delante de la imagen de un santo, como un niño o como el más humilde los fieles. Tenía poco sentido de la liturgia, y bastaba que un sacerdote tomara más de veinte minutos para decir la misa, para que fuese sospechoso de modernismo. Nunca leyó “libros espirituales”, pero los pasajes esenciales de la Escritura les eran familiares a partir de su misal. No los leía en otra parte. No hay evidencia de que hubiese hecho algún retiro espiritual desde que dejó el colegio del Oratorio, y una visita que hizo a la cartuja de Parkminster fue suficiente para reavivar en él el anticlericalismo de su juventud. Ciertamente, “no estaba hecho para esas cosas”.
En la iglesia se conducía con una completa falta de conciencia. Una iglesia católica, así fuera Notre Dame o un galpón de latas, era un lugar en el que siempre se sentía en casa, y “en casa” en el sentido preciso de la expresión. Nada, en efecto, le impedía decir lo que se le viniera a la cabeza. En una ocasión, en Great Grinsted, interrumpió en voz alta al sacerdote que había comenzado a dar los avisos parroquiales durante la misa para preguntarle qué domingo después de Pentecostés era aquél. Cuando su ahijado Reginald Jebb estaba en medio de su ceremonia de recepción en la Iglesia, recitando el Credo en latín, Belloc golpeó al P. Vincent McNabb em la espalda y le preguntó: “Discúlpeme padre, pero ¿habrá un teléfono en la sacristía?”. Otra vez, asistía a la boda de dos amigos temprano en la mañana. En medio de la ceremonia, los recién casados escucharon que Belloc le decía en voz alta su familia: “Hijos, un día como este, en 1066, Guillermo de Normandía desembarcó en Hastings. El viento soplaba en dirección sudoeste…”. Y se narra con frecuencia la anécdota que cuenta que Belloc, estando un día escuchando misa de pie en el fondo de la Iglesia, fue invitado por el sacristán a sentarse. El pobre hombre trató de persuadirlo tres veces hasta que, finalmente, Belloc explotó: “Váyase al infierno”. “Perdón señor” -respondió el hombre-, “no sabía que Ud. era católico”.
En una ocasión en que Belloc había sido atacado en el The Tablet [el semanario oficial católico de Londres], escribió a un amigo: “Últimamente estoy hasta la coronilla de los curas. Me gusta estar cerca de ellos porque eso me ayuda a entender muy bien el anticlericalismo. Me han estado pidiendo que dé conferencias gratuitamente por las que, usualmente, cobro 15 o 20 libras y, al mismo tiempo, me tratan con desprecio, una cosa que no olvido. Caveant sacerdotes” (Carta a E.S.P. Haynes, del 9 de noviembre de 1909).
Cuando estaba entre católicos, le gustaba escandalizar infringiendo algunas reglas. Si bien nunca dejó de cumplir con el propósito de abstenerse de bebidas alcohólicas durante la cuaresma -una imposición heroica-, en una ocasión, al bajar a desayunar un día viernes en una casa de campo, preguntó: “¿Todos son católicos aquí?” y, al recibir una respuesta afirmativa, dijo: “Muy bien. Me voy a servir entonces una buena rodaja de jamón”.

27 comentarios:

Anónimo dijo...

“¿Todos son católicos aquí?” y, al recibir una respuesta afirmativa, dijo: “Muy bien. Me voy a servir entonces una buena rodaja de jamón”.

Yo me lo sabía con cigarrillos en viernes santo je je.

L`osservatore.

Anónimo dijo...

Tengo un cura amigo que es de familia tana y dice que como él tiene esa sangre "eso de la noche oscura del sentido no es para mí". Y tengo otro cura que no es amigo, pero sabe más, que dice que toda divinización del hombre debe sí o sí pasar por una noche como la narrada por San Juan. Yo nunca supe por donde resolverme, pues uno lo lee a San Juan y le entran ganas de no santificarse nunca, pero por otro lado parecería que la unión con Dios debe atravesar una purificación semejante, como lo muestra la realidad del purgatorio. No se qué habrá pensado el mismo San Juan o algún otro santo que haya relatado algo parecido. Hay muchos casos de santos, también, que tuvieron experiencias místicas extraordinarias sin, aparentemente, haber experimentado algo como los dos españoles.

Uno que pasa de vez en cuando por aquí...

Anónimo dijo...

Sobre Belloc, y más allá de algún exceso, creo que su catolicismo era viril, despojado de tanta maña y beatería, que muchas veces se identifican con piedad...

alguien leyó la biografía de Belloc "Old Thunder"? qué les pareció?

Uno que de vez en cuando pasa por aquí...

Capitán J. Sparrow dijo...

Me alegra que este señor no fuera una beata, pero me parece que no hay nada mejor que comulgar y no pensar en nada más que en que acabas de comulgar. Y cuanto más frecuentemente comulgues, más fácil es ceñirte a ese pensamiento.

Mary Lennox dijo...

Pa cuando el libro en el Arcón aunque esté en lengua sajona!?
Mary Lennox Anglofila empedernida!

Gelfand dijo...

Dejando de lado toda la admiración que tengo por H.Belloc debo decir que alguien que cree no estar hecho para el misticismo (conocería a alguien del Opus??) y que propone una religión desclericalizada pareciera estar más influenciado por el protestantismo que por la edad media.

Genjo dijo...

¿Y no sería preferible hablar de una saludable y necesaria clerigodependencia? El problema es que nos faltan clérigos santos.

Anónimo dijo...

Entiendo que a Belloc no le hayan gustado Teresa y Juan de la Cruz.
Sobre Teresa, gustar, lo que se dice gustar, le gusta y la leen muy pocos, aunque todos la reivindican. Suena a docto hacerlo.
Sobre Yepes, se nos hace más difícil comprenderlo. (Recuerdo a esos turistas imbéciles -es muy difícil separar la nota de turista de la de imbecilidad- sacándose fotos en la Catedral -que es fea- de Segovia sin siquiera enterase que cerca, en una desolada iglesia, se pueden arrodillar ante la tumba de tan venerable santo). Decía que no lo entendemos del todo a Belloc en este punto porque Juan de la Cruz a pesar de su siglo no fue un poeta barroco; aunque sí es algo comprensible que en tanto poeta a Belloc no le haya gustado a pesar que lo pudiese leer en castellano, del mismo modo que un argentino no disfruta como un inglés Murder in the Cathedral de Elliot aunque lo lea en el idioma original (esto tampoco se dice porque también suena a docto). A los poetas hay que leerlos en el idioma que escribieron, pero también pesando en ese idioma. Un arte plagado de intuiciones se ve estropeado cuando necesita la segunda vuelta de rosca que convierte lo leído en entendido. Le falta inmediatez.

Estoy de acuerdo con el anticlericalismo de Belloc. A los curas, aun del palo, hay que teneros lejos.
Acudir a ellos para recibir la gracia sacramental y picar con el tacómetro a miles de revoluciones, diría SP5. Si necesitan de amigos, que se los hagan entre ellos.

Pero una matización: uno puede tener amigos sacerdotes, pero en tanto que amigos, no en tanto que sacerdotes, y pocos, y anticlericales también ellos.
Y no quitaría lo de amigos en tanto que amigos que a veces les digas "echame una absolución, que estoy en la mala".
Lo que no me creo es el cuento de esos supuestos anticlericales que resultan ser amigos de 15 curas con la excusa que son un poco rebeldes, perseguidos, etc., pero unos pocos amigos de éstos, lo entiendo, los tengo y los valoro.

El Carlista.

Coronel Kurtz dijo...

¡Excelente!

Cuanto más se mete uno en la vida de Belloc, lee algo de su correspondencia o los recuerdos de sus verdaderos amigos, uno más se da cuenta de lo falsa que es la imagen del Belloc apologista, belicoso y clerical que nos pintan muchos de sus biógrafos modernos.

Al que aún no lo ha leído, recomiendo la traducción de Jack Tollers a "Belloc, a Memoir" de Morton (Ed. Vórtice).

Anónimo dijo...

Me aclara aún más, en cierto aspecto, su posición respecto de la Francesada. Lo pensaría (estudiaría bien el auditorio) antes de soltar estas anécdotas entre catecúmenos, pero... qué cariño que le tengo a este tipo. Qué no hubiera dado por tener un tío así. Por mi parte, pongo el tema de este modo: muchos prefieren estar vinculados al sacerdote en forma constante, hasta por cuestiones personales y familiares, lo cual no es reprochable (salvo que lo conviertan en gurú domiciliario o se conviertan en sus domésticos). Otros preferimos al sacerdote en vínculo amical, no parroquial ni institucional, lo cual tampoco es reprochable (salvo que lo arrastremos a nuestros apetitos mundanos). Como en todas las cosas, hay acá cuestiones de crianza, de temperamento, etc. Pero todos lo necesitamos a la altura suficiente, sacramentando.

Lupus

Juancho dijo...

Ojalá ser cristiano fuera tan fácil: Misa el domingo, alguna oración, cosmovisión católica, alguito de moral, confesión cuando caemos, y listo.

Si es así, soy buen cristiano.

Pero tengo la impresión que es mucho más, y que no llego, y que no tengo tiempo, fuerzas ni ganas: todas esas cosas que Wanderer dice acá (hacer el guión de Misa, organizas caminatas a Luján, ayudar a preparar las celebraciones de Semana Santa, etc... etc...).

Mejor aún: hacer un coro gregoriano en la parroquia, reunir gente y escribirle al Obispo para pedir la Misa Gregoriana, juntar firmas para la ley de protección a las familias numerosas, etc... etc...

Quizás sea el barroquismo, o el clericalismo, o el jesuitismo, no sé, no sé.

Juancho.

Anónimo dijo...

Qué feo. Me molesta el desprecio que manifiesta hacia cosas santas y ese ponerse él antes que la Iglesia o Dios. Se equivocó fiero al sentirse como en su casa en la Casa de Dios.

No me escandalizó el título, pero no me gustó el post. Para nada. Y no soy pro-barroco, pro-contrarreforma, ni nada de eso.

Terzio dijo...

Yes. Así me gustan a mí. No hay tormento mayor para un pobre cura que un empalagoso grillo de sacristía. El católico ideal va a Misa los Domingos, echa limosna y da cuando se le pide, y desaparece gentilmente hasta la próxima Misa de precepto. Aunque también he de reconocer que nuestras parroquias subsisten activas y abiertas gracias a la excelente tropa de beatas incombustibles, una casta especialmente preservada por los Ángeles del Santuario, por cierta aproximación de caracteres.

p.s. Huelga decir que también siento repulsa por magisterios paralelos; otrosí mantengo una notable lista de Santos y Beatos antipáticos (lista que me reservo (aunque de vez en cuando se me escapa algún nominado)).

'

Jacobita dijo...

Wanderer:

Lo que dice sobre la condena al ostracismo es cierto: yo escribí hace no demasiado tiempo que no entendía a los místicos (concretamente a Santa Teresa) y que la "teoría de la contemplación" me sonaba a chino mandarín y creo que usted respondió que mi esperanza en llegar al cielo tras varios siglos en el purgatorio era infundada, y que tendría en ir pensando en un sitio situado más abajo...

1. Sobre lo que dice Evelyn Waugh, no sé. No es un historiador (quien lo dude, que lea su novela "histórica" Helena). El Catolicismo inglés no se echó a dormir con Cranmer y despertó tres siglos después, como la bella durmiente, con la conversión de Newman. Fueron sacerdotes formados en el "Catolicismo de la Contrareforma" los que mantuvieron viva la fe y la regaron con su sangre: mártires como Campion, Southwell, Owen... La mayoría de ellos jesuitas, que desde Douai cruzaban a Inglaterra para, después de varios años de persecución, ser destripados y descuartizados en vida. Y la Compañía de Jesús no es simplemente una orden que surgió durante la Contrareforma. Es LA orden de la Contrareforma.
Hace unos pocos días acabé "Come rack! Come rope!" de R.H. Benson, una novela sobre esta época. Es muy buena.

2. En una conferencia a los universitarios en Oxford ("The Priesthood"), Knox se opone a su punto de vista de los sacerdotes como "máquinas dispensadoras de sacramentos". Knox no era "clericalista" y nunca se ocupó de una parroquia, así que no le puede acusar de llevar el ascua a su sardina.
"... Y el sistema sacramental está basado en la idea de familia; cada parroquia es una familia, y su padre es el párroco (...) Y todos los Católicos dentro de los límites de la parroquia, incluyendo a los presidiarios y a los lunáticos en el manicomio, son los hijos del sacerdote (...) Ésa es la razón de que muchos de vosotros estéis, realmente, confundiendo toda la idea Católica, cuando vais a Misa a la Catedral o al Oratorio, y no sabéis el camino a vuestra iglesia parroquial. Estáis rompiendo la familia sobrenatural.
(...) No hay que pensar en un sacerdote como una simple bestia de carga sacrifical; como un perchero en el que colgar vuestras intenciones para Misas, o una máquina expendedora donde pones tu rosario y sale bendecido. Es una parte integral de la familia parroquial, que es la célula de la Cristiandad; de hecho, él es el hombre fundamental, el eje de ella."

Jacobita dijo...

¿Cuál es mi situación, si le interesa a alguien? No uso a mi párroco como "administrador de sacramentos", asisto a la Misa tradicional "oficial" más próxima (1 hora en transporte público). Pero le veo de vez en cuando y me llevo bien con él. Antes llevaba las cuentas de la parroquia, aun cuando ya no iba a Misa allí, no para ganar puntos como "buen cristiano", sino porque él me lo pidió. Incluso formé parte del "consejo" (soviet lo llamaba yo afectuosamente) parroquial, iba incluido en el cargo de contable.

Comprendo que Knox hablaba en otra época y describe la situación "ideal". Ahora la mar está gruesa, la barca pega tumbos y cada uno se agarra donde puede para no caerse. Pero ,aunque puede ser divertido como pose para asustar a los neocons con la imagen de come-curas, no creo que sea bueno cultivar una actitud anticlerical.

Si me atropellara un coche y estuviera desangrándome en la calzada, pediría a gritos un cura. Supongo que el resto de los lectores también. No debemos morder la mano que nos administra los sacramentos. (Ya está, creo que con esto me he ganado la etiqueta de neocon).

Anónimo dijo...

Usted mismo reconoce, Wanderer, que Belloc fue amigo de Monseñor Knox.
Si fue anticlerical, no lo fue siempre, ni en todo. Eso parece.

Yoclender.

Anónimo dijo...

Es más reconfortante leer sobre Belloc que a Belloc.
Como con Morton.

Desendencia de Ioreth dijo...

El carlista dió en la tecla. O cura o amigo.
Eso de amigo del cura no camina, porque lleva a seguimiento, idolatría y terminan fundando una secta.
Vengo de familia clerical y tengo muchos amigos curas. Jamás me confesé con ellos.

Anónimo dijo...

Solo quisiera dar alguna explicación de mis dichos para que no se entiendan mal:

Me parece de sentido común que a un amigo se lo elige por lo que es como tipo y no por su ocupación.
Nadie se hace amigo de un arquitecto porque lo sea. Otra cosa es que le preguntemos a él y no a un amigo poeta cómo arreglar la gotera del living.

Lo mismo sucede con los sacerdotes, pero no es tan “lo mismo”. En un mundo secularizado y bastante desagradable en muchos aspectos un cristiano se puede sentir con facilidad una rareza y acercarse a curas más allá de lo necesario sería una suerte de consuelo, un “estar con quien debo”. Esto puede escalar hasta hacerse uno chupamedias y lisonjero de una persona consagrada que no está para eso. Y lo que es peor, siendo que no se acercó en tanto que amigo sino en tanto que cura, lo ve como autoridad, no existe la paridad de la amistad verdadera, y podría empezar a “obedecer”. Y de ahí a la secta hogareña… Su rol es el de acercarnos la gracia sacramental. Lo contrario es desfigurar el sacerdocio a la vez que se entra en una burbuja donde se supone que “se hacen las cosas que hacen los cristianos”. Y es falso. Los cristianos no hacen eso. Hay como una inclinación a recargar con devociones, puntillas, acciones y relaciones la vida “porque soy cristiano”. ¡Minga!

Me gusta ser amigo de un fraile que le gusta el whisky y de un diocesano que idem el vino. Comparto momentos de amistad junto con otros amigos. No convierto mi hogar en una subsidiaria parroquial, ni hablo con ellos como quien habla con un sacerdote, sino con un amigo.
Dios nos cría y solitos nos amontonamos. No es casualidad que esos sacerdotes a su vez son amigos de nuestros amigos. Entonces no tenés muchas amigos sacerdotes. Lo que tenés es amigos sacerdotes que son a su vez amigos de muchos amigos. Se da naturalmente.

Me parece que es el modo de no desfigurar dos bienes tan grandes: la amistad y el sacerdocio.

El Carlista.

Anónimo dijo...

Cura español filo-lefe, agustiniano y teresiano:

Simpático lo de Belloc; en mi presencia habría salido corrido por la ventana, él, su ingenio, y detrás el jamón. Es que así somos los españoles.

Está bien lo del caveant sacerdotes, siempre y cuando provenga del prurito de originalidad que impulsa a creer que las propias opiniones tienen mucho más interés que lo que digan cuatro frailes ignorantes, para instaurar un nuevo magisterio paralelo a los distintos magisterios paralelos.

Sobre lo de que los curas sirven para dar sacramentos, recomiendo la relectura de la sesión XXIII del Concilio de Trento y la carta de San Ignacio de Antioquía a los Efesios.

Y con respecto a las amistades, también yo recomiendo a algunos hermanos de clericatura evitar en demasía el trato con algunos doctos y púberes "tradis" habida cuenta de que la relación sacerdote-laico se invierte, y es el clérigo el que debe soportar una cansina y constante predicación laical sobre teología, sacramentos, e historia de la Iglesia.

Anónimo dijo...

"la relación sacerdote-laico se invierte, y es el clérigo el que debe soportar una cansina y constante predicación laical sobre teología, sacramentos, e historia de la Iglesia".

Exacto, Páter, también por eso, como dijeron antes:

"Comparto momentos de amistad junto con otros amigos. No convierto mi hogar en una subsidiaria parroquial, ni hablo con ellos como quien habla con un sacerdote, sino con un amigo"...
"es el modo de no desfigurar dos bienes tan grandes: la amistad y el sacerdocio".

Anónimo dijo...

No entiendo porqué trae el C. de Trento, Sesión XXIII:

http://www.multimedios.org/docs/d000436/p000004.htm#3-p0.11.1

Anónimo dijo...

"...siendo que no se acercó en tanto que amigo sino en tanto que cura, lo ve como autoridad, no existe la paridad de la amistad verdadera"...

Bien dicho.

Dijo C. Péguy: "La amistad es lo de una vez".

No tiene dobles intenciones ni jerarquías internas. Es en extremo simple o no es.

Anónimo dijo...

Coincido con ambos puntos de vista, que es el mismo visto desde el laico o desde el sacerdote: el franeleo entre laicos y sacerdotes es inconveniente para ambos y según sea cada franeleo será más inconveniente para unos u otros. Lo mejor es evitarlo y solo mantenerlo cuando las relaciones se dan en un plano que no es el laico-sacerdotal, o clerical.

Anónimo dijo...

Es que si los "gurús" fundadores fueron posibles es por el clericalismo de los laicos.
Estos son tan culpables como aquellos. No tanto, en realidad son un poco menos culpables, pero algo de culpa tienen.

Anónimo dijo...

Vean este extracto de una carta de una niña de 15 años publicada por Bruno Moreno:

"La misión nos unió y me ayudo a comprender que rezar las laudes, ir a misa, las convivencias, etc. son gracias que Dios te regala. Tener más de uno o dos hermanos es el regalo más grande que puede tener una persona y también una gracia muy grande de Dios".

El clericalismo les hizo creer que "las convicencias son gracias que Dios te regala", y lo que es más grave, Bruno en su edición lo remarcó en "negrita".

Luego esta niña habla de la "cantidad" de hermanos. El valor en y por la sumatoria.

Hay algo terrible en todo esto. Hay responsabilidad de los padres que exponen al Camino u otra secta intra-eclesial a sus hijos y de los curas y laicos-con-cargos, pero fundamentalmente de los padres. No creo que sean menos responsables que los curas. No tienen derecho a equivocarse en temas tan delicados. No pueden alegar un "me engañaron" pues ellos tienen un rol específico que cumplir conforme a sus obligaciones de estado (es como un Papa que pida disculpas porque no fue celoso de la doctrina cuando está para eso). No hay excusas válidas.

Ya sabe Wanderer, no solo "poner la camioneta". Además, como los Flanders de Los Simpson, ir a la "convivencia".

Y todavía hay algo más grave aun: ni esas convivencias ni las misas donde la gente baila y llega a gritar (según cuenta la misma niña) son buenas. Las convivencias no lo son por filo-flanders, arruinan el carácter; y las misas porque atentan contra la fe enarbolando el sentimiento, prima la voluntad sobre la inteligencia, la que es desplazada definitivamente (a las pruebas me remito: GRITAN y BAILAN en misa...).

Nada de esto sería posible sin el clericalismo de los que quisieron encontrar "un lugar" en el afán de compensar lo desagradable que se puso el mundo. Pero así no se combate la apostasía. El cristianismo no necesita masa.

P. Albrit dijo...

uhmmm... este Belloc... Sólo podría ser católico: esa libertad desaforada no cabe en protestas ni idolatrías. Pero casi escandaliza, eh...