lunes, 4 de agosto de 2014

El Papa Francisco: la hipótesis Zelig

Es esta la última hipótesis que proponemos acerca de la misteriosa personalidad del Papa Francisco. Y se trata de una hipótesis complementaria a cualquiera de las que hemos visto anteriormente.
Toma su nombre del título de la película Zelig, de Woody Allen, estrenada en 1983. El protagonista, Leonard Zelig, ha logrado fama mundial gracias a su singular capacidad de adoptar la personalidad de cualquier persona que se encuentre a su lado. Este insólito hecho será estudiado por la doctora Eudora Fletcheer (Mia Farrow).
La película está presentada como un documental rodado en blanco y negro y al estilo de los filmes de la década del ’30, en el que se sigue la vida y evolución terapéutica de Leonard Zelig y su habilidad camaleónica que le permite confrontar su identidad individual y la colectiva y el desapego como medio para entrar a formar parte de manera complaciente en el núcleo de la masa social.
Zelig afirma en la película: “Miento porque quiero caerle bien a todo el mundo”. Y el relator comenta: “Estaba loco por asimilarse”. Más aún, el proceso patológico de Zelig lo lleva a “adquirir gusto plebeyos”, y la película se cierra con el colofón: “Esto demuestra que lo puedes hacer si eres un psicótico total”.
Cotidianamente Bergoglio es Zelig: está de acuerdo con su interlocutor circunstancial, sin importarle que mañana deba decir exactamente lo contrario a otro interlocutor. Pongamos un solo ejemplo de entre los muchos que existen: en su famosa y desafortunada entrevista con el Scalfari prácticamente se mimetizó con la postura del ateísmo humanista representada porel periodista. Afirmó, entre otras cosas: “Y lo repito. Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como él lo concibe” o “El Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de hermandad”.
Poco tiempo después, se supo que, siendo arzobispo de Buenos Aires, le comentó en una de las entretenidas y amigables conversaciones que tenía con el P. Christian Bouchacourt, Superior de Distrito de la FSSPX, que “había leído dos veces la biografía de Mons. Lefebvre escrita por Mons. Tissier de Mallerais” ya que guardaba una profunda admiración por el arzobispo francés representante del tradicionalismo en los últimos cuarenta años.
Del mismo modo, es capaz de hablar en una homilía sobre el diablo y sus acechanzas, y al día siguiente de los cristianos semipelagianos, burlarse de quienes le ofrecen 3000 avemarías o mimetizarse con los obispos italianos que se quejan porque tiene sacerdotes conservadores en su diócesis que no quieren dar la comunión en la mano, diciendo que esos presbíteros se despreocupan del “cuerpo social de Cristo”!

Relato aquí una anécdota que me fue referida por el mismo protagonista. Hace algunos años, cuando ocupaba aún la sede porteña, un grupo de laicos con un pensamiento “derechoso”, en términos generales, le pidió que celebrara una misa en la catedral con motivo de un aniversario particular. El organizador del evento se encontró con el cardenal Bergoglio en la sacristía minutos antes del inicio de la celebración. Luego de un más que frío y distante saludo, le preguntó: “Decíme quiénes están en la iglesia”. El joven le comentó quiénes eran, con nombre propio aquellos más conocidos, y con referencias generales los menos. Luego, en la homilía, el cardenal habló como si fuera uno más del grupo conservador y de derechas que lo escuchaba. Nadie podía salir de su asombro de que ese mismo prelado que se negaba a apoyar las marchas pro-vida o que boicoteaba las manifestaciones públicas contra la ley del homomonio, pudiera tener un pensamiento tan claramente conservador. Por supuesto, no lo tenía. Era Leonard Zelig, o Juan Perón…

16 comentarios:

Ludovicus dijo...

Pero a su vez, la hipótesis Zelig tiene dos variantes, justamente la del personaje de Woody Allen y la de Perón.
Porque éste último era un Zelig para consumo, un Zelig estratégico. En público y en determinado momento táctico decía, maquiavélicamente, que si hubiera tenido unos años menos estaría poniendo bombas y proclamaba al Ché "el mejor de los nuestros", en privado pedía el "somatén" para los subversivos, decía que Cámpora se había "rodeado de putos y de comunistas" y exigía que los médicos que lo atendían fueran "de centro y católicos".
Leonard Zelig, en cambio, no tiene un pensamiento propio, no tiene una estrategia premeditada más que agradar. Zelig, sencillamente, como una especie de entelequia heideggeriana, es-en-otros.
Hay una diferencia.

Anónimo dijo...

Wanderer asi como para cada peronista esta el Peron que mas le guste, para cada católico o no católico esta su Francisco preferido. Este hombre esta haciendo un papado de unidad básica. Esa capacidad de decir lo que el otro quiere escuchar o esta esperando que uno diga. Saludos. Juan

Blas dijo...

Estoy de acuerdo con su característica peronista de decir lo que el otro quiere escuchar, pero creo que él tiene su corazoncito en algunos. Tal vez la consultora lo eligió por esta capacidad que facilitaria los objetivos del cambio además de concordar a grandes razgos con el cambio mismo.

Anónimo dijo...

¿Cómo que la última hipótesis? Habían dicho que había una hipótesis después de esta, la "Hipótesis Kiril Lakota". No nos priven de ella.

Anónimo dijo...

Don Quijote le dice a Sancho: "En esto se nota que eres vilano;en que eres capaz de gritar '¡Viva quién vence!'". Así es Berglie.

Chestertoniano español dijo...

Yo hubiera comprado esta hipótesis desde el principio. Ante los continuos "pero es verdad que el Papa ha dicho eso?", muchas veces pensaba que quizás no había que darle ninguna importancia a lo que decía, que se mimetizaba con el que tenia al lado y que decía lo que le salía en esa situación... pero no se, veía demasiado optimista la hipótesis. Creo que mezclado con lo de la consultora si que da el pego.

El aedo de Haedo dijo...

Una contribución a la tesis del Pancho Peroncho Zelig:“Si he vuelto a ser protagonista de la historia una y otra vez, fue porque me contradije. Ha oído ya la estrategia de Schlieffen. Hay que cambiar de planes varias veces al día y sacarlos de a uno, cuando nos hacen falta. ¿La patria socialista? Yo la he inventado. ¿La patria conservadora? Yo la mantengo viva. Tengo que soplar para todos lados, como el gallo de la veleta”

Palabras atribuidas a Perón por Tomás Eloy Martínez, La novela de Perón, Buenos Aires, Legasa Literaria, 1985, p. 218.
El aedo de Haedo

El aedo de Haedo dijo...

Y otra contribución más. En carta de Perón a Steffens Soler del 13-9-44, que publicara en su momento el boletín Fideliter(año IV, nº 47, Rosario, Peroncho le dice al ilustre nacionalista:"Le recomiendo para uso con los muchachos la frasesita de Mirabeu a Robespìerre:'joven, la exaltación de los principios no es lo más sublime de los principios'"
El aedo de Haedo

Flavio Infante dijo...

Óptima hipótesis que puede conciliarse perfectamente con otras que la complementan. Del camaleonismo como táctica para medrar, a la personalidad literalmente tarada, obstruida por su desdoblamiento, vuelto ya habitual.

Personalidad encadenada por el avance del vicio no combatido. Como ocurre con la cleptomanía, que supone un previo interés desordenado por lo ajeno y termina por volverse un triste hábito inconsciente.

Anónimo dijo...

No descartar la hipótesis "Piñon Fijo"

Jack Tollers dijo...

Y no nos olvidemos de Groucho Marx: "Tengo estos principios, pero si no les gustan, tengo estos otros."

Anónimo dijo...

Continuando con las comparaciones nacionales. Les propongo otra: LARGUIRUCHO.
Este personaje de García Ferré, no se sabía muy bien si era malo, bueno o tonto. Siempre metía la pata, y, débil de carácter, hacía lo que los demás le pedían. Así podía ser fácilmente influido por el profesor Neurus para que trabaje para él en sus maléficos planes. De esta manera a veces trabajaba para los malos y otras para los buenos, siendo un personaje acomodaticio a las situaciones.

B.P.

Ludovicus dijo...

Hay un hábito apologético que se puede convertir en vicio. Consiste en sorprender al burgués con un contenido insólito de la fe católica, contrario a lo que el lugar común le atribuye.
Chesterton lo usó con buen tino contra los puritanos de su época. Se repudia la caricatura del católico que hace la cultura, mostrando que es lo contrario. Pieper cuando trata sobre la sexualidad cristiana, etc.
De algún modo, todos somos tributarios de ese método, que produce una disrupción en el discurso del adversario, al mostrarle que está trabajando con un hombre de paja.
Pero acá lo que se hace es comprar el hombre de paja del adversario, y mostrar directamente que pensamos lo mismo.
Acá el método se vuelve loco y se convierte en vicio.

Andrés Flake dijo...

No sé si Bergoglio es Zelig o no. Desde luego, es oscilante de un modo tan extremo que recuerda a Zelig.

Pero Zelig no tenía ninguna dirección en particular hacia la que tendiera, y quizás Bergoglio, entre bandazo a diestra y bandazo a siniestra, sí que la tenga.

Esto no tendría que significar que su comportamiento estilo Zelig fuera meramente estratégico.
No, podría ser una sincera falta de carácter, combinada con unas convicciones que dan lugar a que el resultado de su trayectoria no sea meramente neutral.

Y es que alguien que necesita quedar bien con su interlocutor inmediato, puede, a pesar de todo, tener sus inclinaciones.

Anónimo dijo...





Si a veces Francisco nos sorprende , es que
somos todos burgués .....

Ludovicus dijo...

El problema es que sorprende al burgués mimetizándose con él...