
viernes, 11 de marzo de 2011
Para el fin de semana

miércoles, 9 de marzo de 2011
Respuesta a Gelfand

Estimado Gelfand: Como mi respuesta a su último comentario es un poco larga, aquí va en forma de post.
En temas de liturgia, es conveniente no fiarse demasiado de los manuales que habitan las bibliotecas de los módicos seminarios de provincia, sino más bien recurrir a obras serias. Por eso digo:
a. Me da la impresión de que hablamos de cosas distintas: a lo que Ud. llama "época patrística", el ámbito científico llama "cristianismo primitivo". En ese caso, efectivamente, Ud. tiene razón. En casa de Priscila, donde celebraba San Pablo, no había jubé, las cortinas sólo se usaban para cubrir las ventanas y San Pablo no usaba ni casulla ni manípulo.
Por época patrística entiendo la que se extiende a partir de comienzos siglo IV, que es cuando comienzan a construirse las basílicas romanas y latinas. En ellas, "en medio de la nave del centro, inmediatamente delante del santuario, una ancha empalizada cerrada por cancelas de mármol rodeaba el lugar destinado a la schola cantorum (o coro). El santuario estaba en la extremidad de la nave central pero elevado un poco sobre el plano de ésta. Terminaba en un ábside semicircular, al fondo del cual, cubierta por un velo, se erguía la sede episcopal… De ordinario, los fieles no ocupaban la nave central, sino solamente las dos laterales: a la derecha, los hombres; a la izquierda las mujeres”. (M. Righetti, Historia de la liturgia, t. I, Madrid, BAC, pp. 395-6). Vea el plano que lustra el blog, donde aparece graficada la explicación. Con lo cual, queda claro que en la época patrística había coro y jubé, y el celebrante estaba separado y oculto a los ojos de los fieles.
b. Con respecto a la comunión en la mano, digo:
1. Trate de no cruzarse con un armenio porque lo degüella. He asistido varias veces a la Misa en rito armenio, tanto en iglesias católicas como ortodoxas, y la comunión se da en la boca. Ni se les pasa por la cabeza darla en la mano. Y sobre esto pueden hablar con más autoridad que yo algunas damas que frecuentan el blog y conocen muy bien el rito.
2. Tiene razón: en el rito bizantino no se arrodillan; se postran. Y sería bastante incómodo dar la comunión a una persona postrada.
3. He asistido a todos los ritos orientales, incluso el abisinio, y nunca, en ninguno de ellos, se comulga en la mano. Y no se le ocurra intentarlo porque no lo considerarán indigno como Ud. dice, sino sacrílego, y la pena para esta falta se me ocurre que debe ser bastante grave.
4. Para el tema de la comunión en la mano, le aconsejo el libro de Mons. Juan Rodolfo Laise, Comunión en la mano (Buenos Aires, Vórtice, 2005), que posee varias ediciones en español, francés y próximamente también en inglés. Este estudio es definitivo sobre el tema, por eso le insisto que recurra a obras serias como esta. Si no lo consigue, avíseme y se lo hago llegar gustosamente.
c. Es verdad que hay plegarias eucarísticas que, para su criterio, no serían irreprochables y que, aún más, ni siquiera tienen la fórmula de la consagración. Ud. se refiere sin duda a la plegaria de Addai y Mari, utilizada aún hoy por los fieles caldeos, y que fue aprobada por la Santa Sede hace algunos años, lo cual da prueba de su irreprochabilidad. Sobre el tema, le aconsejo vivamente la lectura del libro del P. Uwe Lang, Die Anaphora von Addai und Mari: Studien zu Eucharistie und Einsetzungsworten, Nova&Vetera, Bonn, 2007. Puede conseguirlo en Amazon.de o en la página de la editorial.
martes, 8 de marzo de 2011
Acotaciones

Han sido muy valiosos los comentarios al post sobre la Borrachera de los años conciliares. El tema de la liturgia, y de la reforma litúrgica, es el gran tema. Como bien nos decía Ludovicus, “Es la liturgia, estúpido”.
Se me ocurren algunas acotaciones:
1. Es importante no convertir a Bouyer en un gurú. Sobre todo aquí, que tanto despotricamos contra los gurús. Soy un entusiasta seguidor de este gran teólogo del siglo XX pero reconozco que en el tema litúrgico no siempre me convence. Diría que pocas veces me convence. Pero rescato lo que alguien dijo ya en este foro: no me convence porque lo veo desde este lado del tiempo, que si lo viera desde el lado en que lo vio él, quizá pensaría distinto. Todos nosotros hemos sido marcados por la carnicería litúrgica de Bugnini y juzgamos los cambios después de haber sido salpicados con sangre. Creo que Bouyer, como otros representantes del primer movimiento litúrgico, pecaron de ingenuos y de optimistas.
2. Debemos cuidarnos, sin embargo, de caer en el otro extremo, es decir, entender a la misa como un bloque inamovible e intocable. Esto es un coletazo o una consecuencia indeseada de la reforma de San Pio V. Frente a la debacle de la cristiandad europea, este papa y el concilio tridentino consideraron que el remedio era petrificar la doctrina y la liturgia. Probablemente fue la solución adecuada pero, aún en este caso, no pueden negarse las consecuencias negativas que sobrevendrían. Y una de ellas fue el convencimiento, acrecentado en las últimas décadas por fuerza de las circunstancias, de que la misa era ese bloque de piedra, y para algunos, casi una revelación divina. Veamos dos hechos que a mí me han ayudado a “romper el paradigma tradicionalista” de la inmovilidad litúrgica:
a. Un investigación seria que pronto será editada, obra de un importante especialista, demuestra que, diez años después de la edición típica del “misal de San Pío X” y de la excomunión lanzada contra los que se atrevieran a tocar una tilde de él, ya comienzan a aparecer cambios, los que serán muy frecuentes a lo largo de los siglos hasta llegar al “misal de Juan XXIII”. Por cierto, eran cambios menores, si los compara con lo que hizo el Vaticano II, pero cambios al fin. Esto demuestra que, en la liturgia, siempre hubo movilidad.
b. El misal romano en uso en la mayor parte de las iglesias de Occidente y que luego queda fijado por San Pío V para todas las iglesias latinas que no tuvieran tradiciones litúrgicas antiguas (de más de cien años), es el misal que se usaba en la curia romana. Pero no nos imaginemos que se trataba de la curia que hoy tiene asiento en la majestuosidad de la basílica vaticana. Era el misal que los curiales papales utilizaban cuando el palacio pontificio estaba en San Juan de Letrán y la capilla papal era la que hoy se ubica en la Scala santa, frente al Laterano. Se trata de un reciento pequeño y sencillo, que impide el despliegue de grandes ceremonias y exige, en cambio, la “sencillez” y “parquedad” que, se nos ha dicho hasta el cansancio, caracteriza al rito latino. Si a esto le sumamos la idea de que en esas ceremonias medievales se cantaba el suave e imperturbable gregoriano de Solesmes en iglesias románicas y góticas de piedra gris, la sensación de la amada austeridad del rito latino se intensifica aún más. Me parece bien que nos sintamos a gusto con esa imagen, pero seamos conscientes de que no es la real: los cantos litúrgicos no eran precisamente solemnienses -basta escuchar algún CD de Marcel Perès- y las iglesias estaban totalmente pintadas, de arriba abajo, con colores estridentes.
Con esto quiero decir que nuestra “misa tridentina” es fruto de una serie de contingencias históricas y de elecciones humanas, y no un legado traído desde el cielo por algún ángel. Y me atajo: con esto no quiero decir que la liturgia se pueda reformar por eruditos de escritorio, como pasó en los ´60, sino que es pasible de una cierta reforma.
3. Como dice Gelfand, la solución no es volver a la misa tridentina, aunque sería un muy buen primer paso. Y aquí me parece que entra la acotación de Ludovicus sobre su preferencia por las carnes podridas a las momificadas. La “misa tridentina” fue y es aún muchas veces un “rito”, que se ubica junto a otros, como el asado de los domingos y la cerveza del verano. Es decir, se asistía misa pero sin involucrarse de ningún modo en la acción litúrgica. Entonces, mientras el sacerdote celebraba los sagrados misterios, los fieles rezaban el rosario o leían algún libro piadoso. La misa, en definitiva, les refalaba. La solución frente a esta situación anormal fue la participación activa de los fieles propuesta por los liturgistas del Vaticano II, y las misas se convirtieron en lo que vemos hoy. No hay discusión acerca de que tal concepto de participación fue una innovación: jamás en la Iglesia se entendió que el papel de los fieles debía ser ese. Y, para comprobarlo, no es necesario ser un erudito; basta mirar la disposición de las iglesias medievales o de las basílicas romanas: la misa se celebraba detrás del jubé, o detrás de cortinas, o dentro del coro, que era un reciento cerrado dentro de la Iglesia. En el momento de la implementación de la participación activa, se podría haber discutido acerca de su conveniencia. Hoy, después de cuarenta años, está a la vista su rotundo fracaso, si es que lo que se pretendía era renovar la vida cristiana de los fieles. Hay que reconocer, sin embargo, el éxito en la instauración del “paradigma de la participación” a punto tal, que uno de los parámetros para medir el éxito o fracaso pastoral de un cura, es mesurar cuántos fieles cantan en la misa, cuántos lectores tiene y cuántas ofrendas acercan al altar.
A mí me parece que la idea de participación de los fieles debe ser asimilada a la de integración de los fieles en el misterio litúrgico. No se trata de que “hagan” algo, sino de que se integren al misterio que se celebra. Y me viene a la memoria la participación en las liturgias orientales, en la que se ve los fieles totalmente involucrados e integrados al misterio, aunque lo único que hacen es la señal de la cruz y reverencias en incontables oportunidades.
lunes, 7 de marzo de 2011
Sobre las diferencias de opinión

domingo, 27 de febrero de 2011
Borrachera

Mientras trato de conseguir el libro recién aparecido de Roberto De Mattei, Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, me puse a leer, y releer en algunos casos, los cuatro tomos de José Luis Martín Descalzo Un periodista en el Concilio, que tienen la virtud de narrar periodísticamente y sin tapujos por la inmediatez de los hechos, lo que iba sucediendo durante ese funesto acontecimiento de la Iglesia.
Aquí comento algunas conclusiones, todas ellas discutibles por cierto, pero ese es el objetivo del blog:
1. El autor del libro es toda una revelación. José Luis Martín Descalzo fue un cura español, de pluma fácil y agradable. Siendo adolescente leí uno de sus primeros libros, que encontré en la insondable biblioteca de mi abuelo, junto a las obras completas de Theilard de Chardin, titulado Un cura se confiesa. Es un buen libro, y cuenta las impresiones del autor mientras era seminarista. Pensamiento clásico de cualquier católico español de los años ´50. Apenas cuatro o cinco años después, el P. Descalzo prácticamente reniega de muchas de las cosas afirmadas en ese librito de juventud embotado como está con las novedades del Concilio. Más allá de que el cura haya sido medio corto de entendederas, lo cual es fácil de comprobar, es una buena muestra de la borrachera del momento. Algún lector español del blog quizás pueda ilustrarnos un poco más sobre el P. Martín Descalzo (no confundir con el homónimo argentino).
2. Los cardenales que más daño hicieron fueron: Frings (alemán), Leger (canadiense), Alfrink (holandés), Doepfner (alemán), Koenig (austríaco), Meyer (estadounidense), Suenens (belga), Silva Henríquez (chileno), Lercaro (italiano) y otros. Exceptuando los dos primeros, el resto fueron creados cardenales por el Juan XXIII.
3. No hay duda que algo había que hacer. La cosa venía mal y era necesario repensar muchos aspectos de la Iglesia. Había que salir de la Iglesia de la Contrareforma –como se decía en los ambientes conciliares-, dejar de ser una iglesia anti-protestante y volver a ser la Iglesia de Cristo. Por ejemplo, el Santo Oficio debía dejar de ser la oficina de persecución y de sospecha universal tal como era desde hacía siglos y, necesariamente, el cardenal Ottaviani debía ser alejado del puesto de prefecto, por más simpático que nos caiga el gordo transteverino debido a su supuesta autoría del “Examen crítico al Novis Ordo” (Es sabido que Ottaviani es autor sólo de la carta de presentación de ese librito escrito por Guérard de Lauriers, y si su nombre apareció juntos al del cardenal Bacci fue por una “operación” que los tradicionalistas realizaron a través de la princesa Pallavicini, como bien lo afirmó el mismo damnificado en la explicación que se vio obligado a publicar). Pero fue insensato acometer tamaña reforma llamando a un concilio de 2500 obispos. Como algunos dicen, en los ´50 existían importantes focos de incendio desperdigados en algunos países europeos y en Estados Unidos. El Concilio los junto todos en Roma y, entonces, el incendio fue incontrolable. Fue un catastrófico error de cálculo y de oportunidad política. Un error, en definitiva, imperdonable para quien tiene la responsabilidad de gobierno.
4. ¿Qué pensar de Juan XXIII? Era un buen hombre; quizás un santito; hasta me animaría decir que bastante tradicional, pero pasmosamente ingenuo, es decir, limitado. Una persona que debería haber continuado su función de visitador apostólico de los búlgaros o de obispo de alguna diócesis rural italiana, pero nunca papa. La jugarreta de la Secretaría de Estado al nombrarlo nuncio en París terminó vistiéndolo de blanco. Como dice un amigo, el Pastor et nauta de Malaquías, de tan gordo que era, terminó hundiendo a la góndola de la Iglesia.
5. Resulta francamente difícil de creer el ambiente de optimismo que se vivía. Copio algunos párrafos del P. Martín Descalzo escritos durante la tercera sesión del Concilio (1964):
“Juan XXIII dijo que el Concilio sería una nueva primavera de la Iglesia. Pues bien: aquí tenemos ya la primera golondrina: la reforma litúrgica. Tras ella vendrán los almendros florecidos del esquema ecuménico, los frutos de la colegialidad y tal vez de la unidad de los cristianos. Buen verano se le acerca a la Iglesia,…”.
“Contamos ya con una innegable realidad: el movimiento ecuménico no se detendrá ya nunca, día a día, semana a semana, el clima gira, cambia. Y cambia en Roma, en Constantinopla, en Londres, en todos los rincones del planeta”.
¿Es posible pensar que gente grande y formada en teología pudiera tener esta actitud tan estúpida e insensata? ¿Cómo podían estar tan seguros que el ventarrón de cambio que corría era el Espíritu Santo y no algún otro spiritus? Más que las rendijas, le habían abierto las puertas de par en par sin preguntarle siquiera el nombre.
6. La mayoría estaba convencida de que el cambio que se avecinaba era un cambio radical. Era una nueva forma de ser cristianos. Es decir, eran conscientes de la brutalidad del cambio, y lo aceptaron, y era motivo de gozo Escribe Martín Descalzo:
“Y me parece ver a la Iglesia como una colegiala o como una niña de primera comunión aprendiendo sus lecciones del nuevo catecismo, del nuevo modo de ser cristiano hoy”.
“¿Cómo es posible que las ideas estén progresando a este ritmo casi vertiginoso en el rapidísimo curso de dos años? El clima ha cambiado: de la contrareforma hemos pasado al diálogo; del racionalismo de texto escolar hemos ido a un mundo vital y personalista”. El problema, don José Luis, es que, efectivamente, abandonaron ese mundo estático y cristalizado pero se arrojaron a otro gelatinoso y sin substento.
“Si algunos de los temas que se tratan no llegan a estar a punto para el Vaticano II, lo estarán para el Vaticano III. Y lo proclamarán 3000 obispos que aún no han nacido”. Me recuerda a la decisión de los papas post-vaticano de llamarse Juan Pablo…
7. Estaban todos convencidos de que la unidad con los “hermanos separados” sería cuestión de muy pocos años y que ellos, prácticamente, eran lo mismo que nosotros: daba lo mismo ser luterano que católico. Luego de la votación sobre el ecumenismo, escribe: “¿Qué sacerdote se hubiera atrevido a afirmar todo esto en un púlpito hace un par de años? Hoy era aprobado por 2051 votos contra 57”.
8. Afirmaba un sacerdote francés: “Nos extrañamos de que haya tan pocos asistentes a las misas de los domingos. Más bien habría que admirarse de que vengan tantos cuando la inmensa mayoría no entiende latín”. Pobre ilusos.
9. Una perlita. Ya en esa época había que desconfiar de la sensatez de la teología polaca. Dijo el cardenal Wyszynski en una de las sesiones: “Los obispos polacos hemos pedido al Papa la definición dogmática de la maternidad de María sobre todos los católicos”.
10. Otra perlita: Desde aquí podrán bajar la significativa carta pastoral que escribiera a sus feligreses milaneses el cardenal Montini a inicios del Concilio y las insensatas expectativas que se habían puesto en ese acontecimiento.
11. Otra perlita más: En este vínculo podrán acceder a una serie de ocho videos de Youtube sobre el tema. Se trata de una muy buena y completa documental de la Rai Tre con filmaciones de época.
12. Y la última perlita de hoy: un lector me manda este vínculo para bajar un libro más que interesante: la "Guía del Antiguo y el Nuevo Testamento", escrita por Eugenio Zolli, el rabino de Roma convertido a la Iglesia católica en tiempos de Pío XII.
viernes, 25 de febrero de 2011
Imagine

Ten Ways to Destroy the Imagination of Your Child o Diez modos de destruir la imaginación de nuestro hijos. Un libro de Anthony Esolen
Un título provocador que sugiere desde el inicio que Esolen eligió para su libro la estrategia de C. S. Lewis en Cartas del diablo a su sobrino. Sarcástico y, por tanto, pleno de esperanzas, con su obra quiere despertar a los padres y choquearlos a fin de darles fuerza en su tarea educadora.
Publicado por Isi Books, en noviembre de 2010, es un libro para no dejar de leer. ¿Con cuántos niños nos hemos cruzado en los últimos tiempos que se lancen gozosamente bolas de nieve antes de que algún padre les arruine la diversión por temor a que comentan algún exceso? Decimos que amamos a nuestros hijos –contesta Esolen-, pero hacemos lo posible para privarlos de todo lo que tienen necesidad. Negamos su naturaleza profunda. No solamente planificamos su concepción a fin de tener el menor número posible sino que, además, los tratamos desde que nacen como una extensión egoísta de nosotros mismos. Desde la cuna hasta los “asilos públicos” -las escuelas-, los video juegos con perversiones sexuales pasando por un encadenamiento incesante de actividades supervisadas, terminamos ahogando su inocencia, su capacidad de admiración y su iniciativa en un universo artificial, ruidoso y narcisista. Pero hemos encontrado algo mejor: dejar que desarrollen su creatividad!!!
Pero construir la imaginación de un niño requiere otra cosa. El autor del libro muestra que una imaginación sana tiene necesidad de contacto con la Creación. Necesita tiempo, silencio, soledad para observar, soñar y explorar. Necesita de la voz y las rodillas de alguien; de la madre por ejemplo. Necesita héroes para imitar, una patria para amar, una bella iglesia para rezar y un cielo lleno de estrellas para contemplar durante una noche de verano.
Nuestro mundo se ríe sarcásticamente de todas estas cosas y recomienda lo inverso. Mantengan a los niños ocultos porque es más seguro. Embrutézcanlos e inícienlos en el mundo adulto, pero sin proponerles virtudes varoniles ni femeninas porque todos somos iguales. Ninguna palabra sobre el sentido de la unión conyugal puesto que lo primero es el placer. No dejen que nunca se acerque a un jardinero, a un artesano o a cualquier persona que ame su trabajo. Sugiéranle más bien, que prepare su carrera universitaria. Háganle saber que las generaciones anteriores estuvieron compuestas por conquistadores corruptos y crueles esclavistas; un televisor ubicado en el cuarto del niño será una gran ayuda para esta tarea.
En fin, un libro que puede ayudar en la tarea cada vez más ardua de educar a los hijos.
(Se consigue en Amazon por U$ 18)
PD: Gracias Dummy por despertarme.
martes, 15 de febrero de 2011
Qué problema ¿no?

¿Porqué Juan Pablo II no puede ser proclamado beato?
¡Santo Padre!
Antes de cada canonización se debe examinar todas las obras del candidato, si están de acuerdo con la doctrina católica. Su predecesor, Juan Pablo II hizo unos delitos contra la fe. El fruto fue la apostasía en masa de Cristo y de la Iglesia. Su crímenes consisten en lo siguiente:
1. Gesto de Asís contradice esencialmente a la Revelación Divina, a la Tradición de la Iglesia, y es totalmente herético. Este gesto hace pensar que el cristianismo y el paganismo son los caminos equivalentes de la salvación, y esto es la herejía máxima.
2. El no defendió la fe y la moral. Causó la propagación de las herejías del método histórico-crítico. Estas herejías niegan la inspiración divina de la Sagrada Escritura, la divinidad de Cristo y todos los milagros.
3. El abolió la excomunión de los masones. Así les posibilitó acceso a los cargos ecclesiásticos.
4. El permitió que los sacerdotes con el espíritu del mundo fueran elegidos a los obispos. El resultado es el estado catastrófico de la Iglesia.
¿Qué la Sagrada Escritura dice de Asís? “Lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no querría que vosotros fueseis partícipes de los demonios” (1Cor.10, 20). Dios no permite el sincretismo, es decir, un falso respeto por las religiones paganas.
Las consecuencias de beatificación falsa:
a) la infalibilidad del Papa en asuntos de la fe y de la moral con esto es abolida.
b) todas las beatificaciónes anteriores de los mártires y de los mismos apóstoles también con esto son abolidas. ¿Por qué? Porque ellos preferirían morir antes que hacer una falsa paz con el paganismo.
c) La Iglesia Católica cessarà a ser católica. ¿Por qué? ¡Porque las herejías habrán sido beatificadas!
Santo Padre, el Papa Juan Pablo II no debe ser beatificado, mas al revés él debe ser excomulgado.
La aserción del sacerdote Ortodoxo: “Si Juan Pablo II no será excomulgado, pero será beatificado, se abrirán las puertas a la dominación mundial del anticristo”.
Santo Padre, ¡Usted o se volverá un mártir o un traidor! El apóstol Pedro en Roma derramó su sangre por Jesús. ¡Siga Usted al primer Papa!
Santo Padre, rezan por Usted siete obispos del Sínodo de la Iglesia ortodoxa Griego-Católica Ucraniana.
Leopolis, 27.01.2011