. El Papa Francisco asumió el ministerio petrino consolando a sus fieles con la promesa de una “Iglesia de puertas abiertas”. No aclaró que, en cambio, el aula sinodal sería de puertas cerradas con varios cerrojos, los suficientes para tener bien enjaulado al Espíritu Santo. Su amanuense, el cardenal Beria-sseri (¿o era Baldisseri?) dispuso que, sobre las discusiones de los padres
sinodales, solamente se conocerá lo que la oficina de la Santa Sede decida al final de la jornada de trabajo. Cada uno de los participantes podrá dar a conocer a los medios lo que él dijo pero no lo que dijeron otros sinodales. “Transparencia y apertura en primer lugar”, es el lema de Beria. No contaban, sin embargo, con que los obispos polacos son un poco duros de entender y publicaron en la página web de su Conferencia Episcopal un breve resumen de las intervenciones de todos los Padres del Sínodo. Por cierto, la información duró pocas horas porque, desde el Vaticano, los obligaron a quitarla. Sin embargo, fueron prudentemente registradas por medios como Infovaticana y Rorate Coeli. Se pueden recoger varias perlitas de lo afirmado por nuestros padres y maestros en la fe.
. El obispo belga Johan Bonny propuso que “Debe tenerse en cuenta los elementos positivos presentes en las uniones civiles, prestar atención a los “granos de verdad” que contienen. Evitar la exclusión. Dejar un margen de maniobra a los obispos locales. Desarrollar una visión de la Iglesia como familia – unidad en la diversidad”. Más que “granos de verdad”, yo veo en las uniones civiles “pústulas de sífilis” y no me parece que las consideraciones de este señor obispo sean católicas. Alguien podría decir que, en la historia de la Iglesia, fue muy común que, en sínodos y concilios, los obispos participantes afirmaran doctrinas contrarias la ortodoxia. Pero, claro, una cosa era escuchar a un obispo nestoriano pronunciarse por las dos personas de Cristo o Felix de Urgell proclamar que Jesús era sólo hijo adoptivo del Padre. Cosa muy distinta es la propuesta del obispo belga acerca de una Iglesia como “unidad en la diversidad” que, para él, significa que los adúlteros y sodomitas de cualquier pelaje deben ser acogidos y aceptados en su estilo de vida.
. Los obispos panameños poseen una refinada formación teológica. El arzobispo Lacunza, abogó por una apertura de la Iglesia a los divorciados con un ejemplo veterotestamentario: “Moisés dio su consentimiento a las personas, al divorcio por “la dureza de su corazón”. Hoy en día, la “dureza de corazón” se opone a los planes de Dios. ¿No podría ser Pedro tan misericordioso como Moisés?”. No contaba este agustino recoleto con la sutileza bizantina del patriarca sirio melquita Gregorio III Laham quien le recordó que “Jesús corrigió a Moisés" y que, por tanto, el razonamiento del panameño no tenía fundamento alguno. Y remató: “La inestabilidad del matrimonio es contraria a su naturaleza”.
. El canadiense Lacroix repitió una cantinela contemporánea: “Dios te ama como eres, pero Él no te deja en el lugar donde te encuentras”. ¿Qué significa eso? ¿Jesús amó a la Magadalena como era? Ciertamente la amó como pecadora pero le exigió que se arrepintiera y no volviera a pecar. Pareciera que se trata solamente de sincerarse consigo mismo y presentarse como tal ante el Señor, porque es así como Él nos ama. Y está bien, pero no dicen que ese es sólo el primer paso. Es como si el hijo pródigo cayera en la cuenta que está enterrado en la inmundicia de los cerdos y mandara a decir a su padre dónde se encuentra, asegurándole que allí se quedará. Mons. Lacroix dice que Dios no te deja en el lugar donde te encuentras, y yo digo que sí te deja allí donde quieres estar porque respeta tu libertad. Él no te sacará si tu no quieres salir.
. En tanto, el arzobispo brasileño Castriani recordaba a los padres sinodales que el Amazonas está desapareciendo. Su próxima intervención consistirá en una propuesta para salvar a las cacatúas de la extinción.
. El arzobispo de Berlín, Heiner Koch, se pregunta el por qué de la exclusión de los sacramentos a los re-casados. La respuesta es bastante simple: porque para recibir los sacramentos de vivos, entre los que se encuentra la eucaristía, hay que estar en gracia de Dios, y el adulterio es pecado mortal.
. Interesante la intervención del cardenal Rylko: “Se dice que la Iglesia debe ser como “un hospital de guerra”, pero nadie puede ser obligado a ir al hospital”. La imagen del “hospital de campaña”, propuesta por el el Papa Francisco, no tiene más que un efecto mediático. Lo ha notado Rylko: de nada sirve el hospital si los enfermos no quieren curarse. La enfermedad de fondo es la falta de fe en los enfermos… y en los obispos.
. El también alemán cardenal Marx afirmó que “No hay que mostrar los aspectos negativos de nuestra cultura, porque nuestra gente no entiende”. Mostrémosle los pajaritos y las florcitas de la primavera pero no les digamos que después viene el invierno. Es decir, no le hablemos del infierno y de la condenación eterna porque entienden. El problema es que lo van a entender cuando ya se estén tostando. Y me pregunto yo de quién será la responsabilidad.
. Chapeau para el bielorruso Tadeusz Kondrusiewicz: “Si estamos de acuerdo con dar los sacramentos a los divorciados que viven en una nueva relación, estamos a favor del divorcio”. No me extrañaría que sea próximamente misericordiado.
. Y para cerrar, el cardenal Pell, como digno ex-Wallabies, apuntó directo al Papa Francisco: “¿Por qué la comisión que redactará la relación final del Sínodo ha sido nombrada con esa composición?”, dijo. La composición tiene una clara mayoría progresista y ha sido nombrada directamente por el Bergoglio. Ya sabemos entonces, el por qué.







