lunes, 5 de marzo de 2018

No somos Greenpeace

Circula por la web un texto del P. Diego de Jesús, de los monjes del Cristo Orante, sobre el aborto y la batalla que se espera para los próximos meses en el Congreso. Es de lectura obligada para todos los católicos pues centra el problema, y advierte de frecuentes desvíos. 

CUANDO LA VE ES MUY CORTA
P. Diego de Jesús

La Iglesia hace muy bien, en su lucha contra el aborto, en esgrimir eminentemente argumentos de orden natural. En el areópago del mundo es crucial librar esta batalla desde la sola razón natural, orden desde el cual sobran argumentos sólidos y rotundos para demostrar que se trata de un aberrante asesinato.
Y así lo hacemos los católicos, en los diversos ámbitos en que toca hacerlo.
Sin embargo, no sería correcto decir que este tema nos incube SÓLO en el orden natural. O como a veces se expresa: que este tema ES del orden natural y que por tanto es allí donde ha de ser tratado y sólo allí
Pues no.

Que hunda sus raíces, que fragüe sus cimientos en el orden natural no significa que se limite a él. Todo lo contrario. El tema del aborto es un tema profundamente religioso, sobrenatural, “de Fe”. 
No sólo es de razón; sino también es de Fe. (Qué bien le sientan al catolicismo los sed etiam).
Que para la palestra donde batallar el tema con el mundo haya que descender dos mil metros, no significa que después no volvamos a subir a los diez mil de navegación, cuando se trata de instruir a nuestras filas internas, cuando se trata de formar un cristiano. 
Decirle a los formandos en catequesis de confirmación, o en los grupos de formación en general, que está mal el aborto porque hay que estar a favor de la “vida”, así sin más, es un achicamiento monstruoso de lo que en verdad nos ha de importar. 
Los griegos distinguen bios de zoon. Nosotros tratamos de marcar esa distinción en el mejor de los casos aportando una ve corta mayúscula, pero corta al fin
Al menos cinco asuntos sería importante transmitirle al cristiano medio respecto al aborto. 
Veamos:
1. El acento del daño no habría de ponerse en el niño-por-nacer. De hecho, en un matrimonio normal, abierto a la vida, ocurren cientos de abortos naturales, la mayor cantidad de las veces sin que sus padres se enteren siquiera. El “drama” mayor no es que estos niños no nazcan; el drama es que sean asesinados por sus padres.
2. Sí cabe decir (sin muchas certezas teológicas, pues es un gran misterio) que no deja de ser penoso que estas personas no reciban el bautismo. Y que no puedan, naciendo y crecienco, alcanzar una estatura plena en Cristo. Tal vez (sólo Dios lo sabe) no carezcan de la visión eterna, no obstante, “es de Fe” saber, en  buena teología, que la bienaventuranza eterna no es por sí o por no, sino que admite grados. Y que estar impedidos de merecer en el Destierro les limita en la divinización, en el grado de bienaventuranza.
3. El punto central, sin dudas: el pecado del agente. Ante todo sus propios padres, pero en grado muy semejante, todos los cómplices, por acción u omisión, cometen un asesinato tan atroz, incurriendo en un pecado tan grave y mortal, que: a) si no mediara una confesión bien hecha, es casi imposible imaginar su salvación eterna. b) dándose la confesión, en la cuidadosa distinción que la teología católica hace entre culpa y pena, de no mediar una vida penitente muy intensa y extensa, es muy difícil no imaginar un arduo purgatorio para la persona. c) Y en el mejor de los casos, la disminución en bienaventuranza es un daño irreversible.
También hay que instruir acerca de la excomunión, con que la Iglesia pena tan grave pecado justamente en razón de estos tres peligros.
Uno es libre de pensar en los caminos extraordinarios de la Misericordia divina, pero sería brutalmente irresponsable no avisar claramente al que se forma en la Fe que, desde el humilde umbral en que nos atañe otear el Juicio, esto es lo que nos cabe presumir. 
4. Y también es “de Fe” saber que cada uno de estos actos aberrantes y abominables ofenden a Dios. No es el lugar aquí para explicarlo mejor, pero el concepto de un Dios ofendible está por demás erosionado en la teología moderna. Recuperar este Misterio del dolor divino es crucial para poner en foco y centro la verdad más honda y vertiginosa de lo que acontece con cada aborto. 
5. Y en fin, nuestra Fe nos enseña (y no la razón) otro asunto no menor: cómo en esta Guerra invisible entre Potestades y Principados, entre el Reino de Cristo y el de Satán, un acto de caridad hace crecer el Reino divino entero, como por el contrario, un solo pecado implica la pleamar y la avanzada de demonios sobre el mundo. Y en este doble movimiento no pesa toda falta igual. De lo que cabe inferir que el asesinato de indefensos niños por manos de sus propios padres significa, uno por uno, acto por acto, el avance de huestes enemigas sobre el terreno en pugna. No es de razón sino de Fe esta escalofriante verdad, que coloca al aborto entre los actos (y ritos) satánicos más monstruosos y aberrantes con que el Diablo libra esta batalla final, previa a la Parusía. 

Y retorno al inicio: no sólo es lícito sino conveniente y necesario que en la lucha contra el aborto, en la contienda con el Mundo, el cristiano debata desde la razón y el orden natural. Pero sería una barbaridad que, muros adentro, a la propia tropa, a los católicos en formación, no se los educara desde los argumentos y motivos de orden sobrenatural
Caeríamos en un vitalismo biologicista; en un inmanentismo horizontalista, en una distracción y un empobrecimiento atroz de lo que en verdad está en juego. Terminaríamos defendiendo los fetos como una suerte de Greenpeace católico: ellos ballenas; nosotros nonatos.
Si la mitad de una verdad es una mentira, pues aquí hay mucho más que una mitad en juego… 
La ve corta de vida es muy corta. Infinitamente corta. Y aunque se vista de mayúscula, corta queda
No estamos (solamente) a favor de la vida. Estamos combatiendo por un Reino que avanza y retrocede como las mareas; estamos en lucha tenaz por una Eternidad –ese vertiginoso para siempre, siempre, siempre¬ - que puede ser de Cielo o de Infierno. 
Estamos, eminentemente, para defender al Dios inerme en Cristo Jesús, que entre escupitajos, burlas, trompadas, espinas y flagelos prolonga su Pasión hasta el fin del mundo. 
Ahorrarle un solo golpe justificaría mi vida entera. Y la vida de cualquier cristiano de buena ley. Por eso luchamos contra el aborto. Por eso. 

13 comentarios:

Anónimo dijo...

mmmm.....no me convence lo del Padre. Anda a hablarle a una endemoniada abortera del Orden Natural....no, este mundo anticristiano se lleva puesto todo, lo sobrenatural y lo natural.
A un pagano podías convencerlo, pero a un apostata lo dudo.
No, no hay nada mas que hablar con el Mundo...que agote su caída.
PD: y ni hablar de los movimientos provida (ay con el activismo!), con sus muñequitos de yeso y sus fotos del feto....oreja, nariz, patitas....(con lo que estarían legitimando inconscientemente el aborto de un embrion sin rasgos definidos)

Johannes dijo...

Aquéllos que profesan las verdades sobre las cuales se fundamentan los 5 puntos del artículo no se plantean la posibilidad de realizar un aborto, como tampoco se plantean la posibilidad de boletear a su vecino porque molesta con la música. Quienes se plantean la posibilidad de realizar un aborto no creen en las verdades que fundamentan esos 5 puntos, y en su gran mayoría ni siquiera las conocen.

Entiéndaseme bien. Estoy totalmente de acuerdo en la necesidad de "avisar claramente al que se forma en la Fe" sobre estos puntos, y en que esa necesidad va a ser aún mas apremiante si la posibilidad de abortar pasa a estar al alcance inmediato de cualquiera. Lo que digo es que quienes promueven la legalización del aborto no tienen fe católica ni cristiana (*), por lo que ese aviso ad-intra no afectará la evolución del marco legal, cualquiera sea ésta.

Y en cuanto a los argumentos de orden natural, sólo son útiles para convencer a quienes promueven la legalización del aborto si se basan en un marco filosófico teísta (**) (el cual según Rom 1,19-20 está al alcance de todos) en el cual, a partir del hecho de que el Creador infunde directamente en cada ser humano un alma espiritual (cuya existencia se infiere de la capacidad de pensamiento abstracto), y de que en ausencia de una Revelación divina al respecto no podemos saber en qué momento esa infusión ocurre, se infiere que el único curso de acción moralmente aceptable es presuponer que esa infusión ocurre en la concepción y cuidar la vida de cada ser humano desde ese momento.

Porque si no se parte de ese marco teísta, entonces el promotor de la legalización puede simplemente invocar una ética utilitarista, en la cual el mero hecho de que un organismo viviente sea de la especie humana no le confiere el estatus de persona ni derecho consecuente alguno. En esa ética, la razón por la cual no habría que eutanasiar involuntariamente a alguien que ha perdido la conciencia es simplemente por el stress que el conocimiento de esa posibilidad causaría en las personas. Mientras el conocimiento de que uno pudo haber sido matado mientras estaba en el útero (o incluso al nacer, porque algunos utilitaristas promueven la legalización del infanticidio) no causa stress, porque cuando uno llega a ese conocimiento ya está fuera de peligro, el conocimiento de que uno podría ser boleteado si perdiese la conciencia por accidente o ACV causaría stress.

(*) Y ni siquiera creencia arriana, lo cual destaco a partir de esta encuesta realizada en 2017 en USA que muestra que la denominación cuyos miembros se oponen en mayor porcentaje a la legalidad del aborto son los Testigos:

http://www.pewresearch.org/fact-tank/2018/01/22/american-religious-groups-vary-widely-in-their-views-of-abortion/

(**) No estoy diciendo que alguien que no sostenga ese marco teísta no puede oponerse a la legalización del aborto. Estoy diciendo que, si no se parte de ese marco teísta, no es posible presentar un argumento sólido que mueva a un promotor de la legalización a cambiar su posición. Como ejemplo, puede verse el siguiente artículo de Alberto Benegas Lynch (h) y el comentario de Claudio DiG debajo de él:

https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2016/09/18/el-aborto-es-aborto-por-alberto-benegas-lynch-h/

Johannes dijo...

Por otro lado, hay que tener cuidado cuando se habla del "dolor divino". La inmutabilidad divina es un dogma de fe definido por dos Concilios Ecuménicos: Letrán IV y Vaticano I.

Concilio Ecuménico Letrán IV (1215). Constitución 1. De fide catholica.

"Creemos firmemente y confesamos simplemente que uno solo es el verdadero Dios, eterno e inmenso, omnipotente, inmutable, incomprensible e inefable, Padre e Hijo y Espíritu Santo, tres personas pero una esencia, sustancia o naturaleza absolutamente simple."

Concilio Ecuménico Vaticano I (1870). Constitución Dogmática "Dei Filius".

"La Santa Iglesia Católica Apostólica Romana cree y confiesa que uno es el Dios verdadero y vivo, Creador y Señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en intelecto, voluntad y en toda perfección; que siendo una sustancia espiritual singular, absolutamente simple e inmutable,"

Que la expresión figurada del "dolor divino" pueda parecer útil para fines pastorales no debe en ningún caso llevar a negar u ocultar la verdad básica de la inmutabilidad divina. Eso sería análogo a la posición que Kasper sostiene en su libro de 2012, elogiado por Francisco, "La misericordia. Clave del Evangelio y de la vida cristiana", cuando dice: "Pastoralmente, esta concepción de Dios [la inmutabilidad divina] es una catástrofe. [...] la proclamación de un Dios que es insensible al sufrimiento es una razón por la que Dios ha pasado a ser ajeno y finalmente irrelevante para muchos seres humanos."

Dios, cada una de las Personas divinas, no sufre por ninguna causa, ni por los pecados de sus criaturas ni por el sufrimiento de éstas. Las ofensas a Dios afectan a quienes las cometen y a otras criaturas sobre la tierra, no a Dios.

En cuanto a la naturaleza humana de Nuestro Señor Jesucristo, Él ciertamente sufrió lo indecible en su alma y en su cuerpo durante su Pasión, pero ese sufrimiento terminó con su muerte, luego de la cual siguió, hasta su Resurrección, la privación de bien resultante de la "incompletitud" de la naturaleza humana en el estado de alma separada del cuerpo. Pero luego de la Resurrección la naturaleza humana glorificada de Cristo no sufre más, ni en cuerpo ni en alma.

Anónimo dijo...

Que dificil se hace, dentro de nuestras filas, plantar bandera contra el aborto cuando el mismo Pancho I recibe y trata de amiga a la abortera y senadora Italiana Emma Bonino.

Benigno.

Lefe Estepario dijo...

Correcta la precisión de J sobre el dolor de Dios, pues los antropomorfismos referidos a Dios solo son “ayudas” para comprender sus atributos o actividades. Eso es una razón importante para tener cuidado con el literalismo bíblico que abunda en figuras de ese tipo ¿acaso creeremos que Dios caminaba por el Edén o que se “arrepentía” de sus decisiones como si pudiera equivocarse?

El tema de la “ofendibilidad” de Dios también es importante a la hora de hablar del sentido de la Redención. Lo del Dios “infinitamente ofendido” que exige inexorablemente la “reparación infinita” me parece –como dirían algunos teólogos griegos- un Dios afectado por las pasiones humanas. Es el hombre quien necesita ser redimido: si Dios necesitara ser resarcido ¿no lo estaríamos rebajando a nuestro nivel?

Dejo la pregunta abierta. Admito que en este tema creo más en la visión griega que tan bien resume el Damasceno.

Lefe Estepario dijo...

Aprovecho para consultar a J, que ya nos ha ayudado antes con temas trinitarios, su opinión sobre la importancia de la distinción de personas trinitarias en obra ad extra. He leido que se critica a la teología latina reducir a la casi relevancia la trinidad en la creación y en la vida cristiana, bajo el argumento de que las obras ad extra son comunes a las tres personas.

Por otra parte, en el manual del Cardenal Mûller, este matiza el tema "La operatio Dei ad extra se produce segun el ordo relationis". Esto armoniza con el II Concilio de Constantinopla según el cual "uno solo es Dios y Padre, de quien todo; y un solo Señor Jesucristo, por quien todo; y un solo Espíritu Santo, en quien todo", lo cual ha sido recordado por orientales como Lossky, que cada persona divina participa en la obra común de acuerdo a su propiedad personal, pues de lo contrario la persona humana no se vincularía a la Trinidad sino a una esencia divina difusa.

¿Que nos puede aportar al respecto?

Anónimo dijo...

anónimo primero , le faltó comprensión de texto. Está dicho para que los católicos no olvidemos las verdades fundamentales de nuestra fe. Y en cuanto a los muñequitos o fotos que ud dice, es un intento con otras herramientas para tratar de hacer ver a todos aquellos que ignoran lo más elemental que es que se trata de seres humanos. Ojos que no ven ,corazón que no siente!! Y en la fase de embrión debe hacerse hincapié en los aspectos genéticos que ya existen desde el primer momento. Todo esto es lícito aunque no sea lo único se entiende.

Anónimo dijo...

Ya lo dijo Dostoyevski: Si Dios no existe, todo está permitido.
Hilbert.

Johannes dijo...

Lefe, el dogma de la unidad de la operación divina ad extra se refiere solamente a la causalidad eficiente, no a la causalidad cuasiformal ni a la final.

Cito de la encíclica "Mystici Corporis Christi" de Pio XII, cuando habla de la inhabitación trinitaria:

"Y, además, sostengan firmemente y con toda certeza que en estas cosas todo es común a la Santísima Trinidad, puesto que todo se refiere a Dios como a suprema causa eficiente."

Anteriormente León XIII, en su encíclica "Divinum illud munus", al afirmar el dogma de la unidad de la operación divina ad extra, había enseñado que éste no se opone a la atribución o "apropiación" de ciertas obras a Personas divinas particulares:

"Con gran propiedad, la Iglesia acostumbra atribuir al Padre las obras del poder; al Hijo, las de la sabiduría; al Espíritu Santo, las del amor. No porque todas las perfecciones y todas las obras ad extra no sean comunes a las tres divinas Personas, pues indivisibles son las obras de la Trinidad, como indivisa es su esencia(10), porque así como las tres Personas divinas son inseparables, así obran inseparablemente(11); sino que por una cierta relación y como afinidad que existe entre las obras externas y el carácter «propio» de cada Persona, se atribuyen a una más bien que a las otras, o —como dicen— «se apropian»."

Las referencias son:

10. S. Agustín, De Trin., 1,4 y 5.
11. S. Agustín, ibíd.

Una obra divina ad extra en la que la Revelación divina muestra estos conceptos con total claridad es la Encarnación del Verbo. Por un lado, la Tradición Apostólica, tanto en el Credo de Nicea-Constantinopla como en el Símbolo de los Apóstoles, profesa que el Verbo se encarnó, o fue concebido, por obra del Espíritu Santo. Por otro lado, la Sagrada Escritura, en distintos pasajes, atribuye la obra de la Encarnación a cada una de las tres Personas divinas, dejando así en claro que es una obra común a la Santísima Trinidad. Estos pasajes son:

Atribución al Espíritu Santo: Mt 1,18-20 y Lc 1,35.
Atribución al Hijo: Fil 2,7.
Atribución al Padre: Heb 10,5.

La obra divina de la Encarnación del Verbo ilustra además otro concepto muy importante, mencionado explícitamente por Pío XII en el pasaje citado al principio: las obras de Dios ad extra son comunes a las tres Personas divinas en cuanto a su causa eficiente, no en cuanto a su término. Así, mientras la obra de la Encarnación fue realizada en común por las tres Personas divinas como una sola causa eficiente, el resultado de esa obra fue una naturaleza humana unida hipostáticamente a, o asumida por, una sola Persona divina, la del Verbo.

Anónimo dijo...

Sí señor de las 10,42; así es.
Es evidente, resplandecientemente evidente, que esos súcubos feministas y abortistas de pañuelito verde, no atenderán razones naturales ni sobrenaturales sobre su infernal cometido. Eso está bien, pero bien requeteclaro. Nadie en su sano juicio piensa lo contrario y, desde luego, no creo que el P. Diego de Jesús sea una excepción.
Pero hay dos razones a su favor de la predicación, a saber:
La primera, que hay mucha gente despistada y emocionalmente conmovida por supuestas o reales tragedias que, en esta irracional pretensión, se arreglarían con el aborto o por, lo que es más demoníaco aún, cierto permisivismo. Que ¡no, no es aborto...! Es caridad, comprensión, misericordia a lo panchístico, impunidad...
No sé si ese grupo es grande o chico, significativo o no, determinante o no; pero indudablemente existe y merecen alguna palabra de parte de la Jerarquía de la Iglesia, tan regularmente callada en asuntos de Moral, anoser si afecta el medio ambiente, la democracia o futilidades por el estilo.
La Segunda: El demonio huye ante la Palabra de Dios, por razones misteriosas que ni vemos ni comprendemos; así lo hizo Lucifer ante Jesús en las tentaciones del Desierto, que fueron respondidas por la Palabra con la Palabra de Dios y no con disertaciones pseudocientíficas sobre los beneficios terapéuticos del ayuno o las ventajas del clavadismo en seco.
Muchos estamos convencidos que para esta locura presente es más eficaz un exorcismo como Dios manda que un debate televisionado; sin renunciar tampoco a esto último, claro está.
La eficacia de los "debates" públicos dependen enormemente del talento dramático o vis cómica del disertante católico o "provida", por decirlo así, así que mucha utilidad no ofrecerían, salvo honrosísimas excepciones. Y en todo caso, debe admitirse que los/las abortistas tendrían disponible también el medio para exponer sus errores; y por fin, que en este asunto no existe un "jurado" calificado, así que buena parte del esfuerzo es inútil o contraproducente.
Así que nos queda el recurso a la Fe: allí no obramos nosotros, sino Dios mismo, que ha dado Su Palabra como herramienta eficaz para incoar la Gracia en el oyente; por eso dice San Pablo: "fides ex auditu"; la Fe viene de la predicación, porque por su medio queda iniciada la dispensación de la Gracia. En este terreno, bien mirado, no tenemos contradictores de ninguna especie.
O sea: Estoy con fray Diego de Jesús.
Ex combatiente televisivo

Johannes dijo...

Lefe, lo que acabo de escribir se aplica particularmente a la inhabitación trinitaria en el alma justificada, para el cual los teólogos han propuesto tres posibles modos (todos los cuales, en mi opinión, son reales) [1]:

a. Presencia operativa: como causa eficiente o principio - uno - de la nueva creación sobrenatural. Proponentes: Gabriel Vázquez, Paul Galtier.

b. Presencia intencional: como objeto o término - trino - del conocimiento y amor sobrenaturales. Proponentes: S. Tomás de Aquino, Francisco Suárez.

c. Presencia cuasi-formal: como cuasi-forma del alma justificada. Proponentes: Maurice de la Taille, Karl Rahner.

El dogma de la unidad de la operación divina ad extra se aplica solamente al primer modo de inhabitación, no a los otros dos. Por eso somos hechos miembros del Hijo y templos del Espíritu Santo, términos que no son intercambiables y que, en mi opinión, corresponden a las presencias cuasi-formales del Hijo por la gracia santificante y del Espíritu Santo por la caridad.

[1] https://sites.google.com/site/formadordesacerdotes/textos-atribuidos-a-don-jose/inhabitacion

Anónimo dijo...

No lei esta nota pero los invito nomas a hojear los comentarios de la gente....https://www.infobae.com/politica/2018/03/07/tras-la-visita-al-papa-la-iglesia-subio-el-tono-de-su-preocupacion-por-el-aborto-y-alerto-por-los-despidos/

Carlo - dijo...

Por más que el papa reinante diga que nunca se puede afirmar que alguien esté en el infierno, ni siquiera Judas Iscariotes, no puedo imaginar como esa gente que paga a personas pobres y con poca educación en Salta (por lo general las que major ven las cuestiones morales) para fabricar los infames pañuelos verdes pro-aborto no terminen allá:
https://www.lanacion.com.ar/2115528-panuelo-verde-quienes-son-las-mujeres-que-fabrican-el-simbolo-del-reclamo-por-la-despenalizacion-del-aborto
Y parte de los que financian esa aberración se llaman "Católicas por el derecho a decidir". Imagino que ya tendrán la correspondiente foto con Pancho I.