lunes, 12 de marzo de 2018

Respuesta a un laico atribulado frente al desorden litúrgico

por Peter Kwasniewski

Un joven adulto de gran fe y admirable piedad familiar, me envió una carta el verano pasado con ciertas preguntas y preocupaciones que creo resonarán en muchos otros lectores de OnePeterFive
Comparto primero la carta y luego mi respuesta (eliminando todos los detalles que pudieran identificarlo).
* * *
Estimado Dr. Kwasniewski,
Tengo algunas preguntas sobre las tensiones que se producen entre el  usus antiquior y el usus recentior. Este verano, no cuento con casi tantas oportunidades de asistir a la Misa antigua como las que tengo en el colegio. Afortunadamente, hay una misa tridentina en nuestra diócesis que se celebra todos los domingos por la tarde que ofician diferentes sacerdotes que la conocen. 

Con todo, mi familia, continúa fielmente acudiendo a nuestra (muy piadosa) parroquia en la que se celebra el Novus Ordo. Casi todos los domingos he estado asistiendo a la misa de la mañana con mi familia y luego, por mi cuenta, a la misa tridentina por la tarde. Pero asistir a la misa de la tarde a menudo significa que no puedo disfrutar del almuerzo con mi familia. Por lo general no les importa, pero puedo decir que esto a veces molesta a mis padres. ¿Es egoísta querer asistir a la misa trindentina en lugar de estar con mi familia?
Además, he escuchado de muchos tradicionalistas que es mejor no asistir al Novus Ordo a menos que sea necesario. Por ejemplo, dicen que debes renunciar a la misa diaria si los días de semana sólo está disponible en la forma ordinaria. No creo estar de acuerdo, pero quiero saber lo que Ud. piensa. Usted asiste a ambas formas en la escuela. ¿No es mejor ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa y recibir la Sagrada Comunión diariamente, incluso si la celebración no es la más reverente posible? ¿O es una desgracia ante Dios participar en misas que son irreverentes? ¿Depende de cuán irreverente es la misa del Novus Ordo?
Finalmente, ¿cuál es su posición con relación a la Reforma de la Reforma? ¿Cree que el Novus Ordo debería celebrarse o que siempre será así, y que por lo tanto debemos abrazar ese ritual de la manera más reverente posible? ¿O se intenta reformarlo para que sea lo más reverente posible mientras mueve a las personas para que se aproximen gradualmente a la misa de siempre, de modo que algún día llegue a ser la forma ordinaria o única que exista, como era antes? Algunos de mis amigos que lo han escuchado o que han leído sus artículos me preguntaron cuál es exactamente su postura, así que pensé en preguntarle antes de intentar responder.
Sinceramente suyo,
N.
* * *



Estimado N.,

Con probidad y perspicacia, has formulado algunas de las preguntas más difíciles que enfrentan los católicos educados de hoy en día. Cuando digo “educados”, me refiero a los católicos que han estudiado y experimentado el gran abismo que separa el estado de cosas conflictivo y pluralista de la Iglesia actual y que tanto contrasta con la luminosidad de su constante enseñanza doctrinal y con el tesoro de su liturgia tal como fue transmitida a lo largo de los siglos. No hay respuestas fáciles, porque vivimos en un período de desarraigo, amnesia y confusión sin precedentes.

Recuerdo que cuando tenía tu edad, pasé exactamente por la misma situación. Crecí en una parroquia común en Nueva Jersey, y cuando descubrí documentos magisteriales como Mediator Dei y a teólogos como el Aquinate, comencé a ver cuán desordenada era la parroquia. Mis padres siguieron yendo allí, pero llegado a cierto punto, yo ya no podía hacerlo. Así que comencé a ir a otro lado, alternativamente asistiendo a misas celebradas según el Novus Ordo como otras celebradas conforme al Vetus Ordo; era una situación tensa. No estoy seguro de que mis padres hayan entendido completamente mi actitud, a pesar de mis intentos de explicarme, con argumentos probablemente no muy exitosos, pienso ahora. Pero tú eres una persona más amable, y más inteligente que yo a tu edad, y tus padres probablemente sean católicos más serios que los míos, por lo que puedes tener más éxito en tus intentos de explicar por qué amas y deseas asistir a la misa antigua. También me parece una señal de humildad y piedad filial que continúes asistiendo a misa con ellos; no pueden realmente quejarse de que con eso te muestras antisocial o “elitista”.
El punto más importante es este: nunca puede constituir un actitud egoísta el querer alimentar la propia vida espiritual con el rico alimento de la liturgia tradicional. Como siempre, uno necesita tener en cuenta las circunstancias. San Francisco de Sales dice que es mejor para una mujer cuidar de sus hijos que descuidarlos al pasar tiempo extra rezando en la iglesia. Por otro lado, una mujer que sólo cuida a sus hijos y nunca tiene tiempo para la oración personal termina siendo una mala madre y, eventualmente, una mala cristiana. Así que debemos tomar muy en serio las necesidades de nuestras almas, y creo que una vez que uno experimenta la belleza de la misa antigua (y todas las demás liturgias y devociones que se agrupan a su alrededor), ya es casi imposible subsistir con una pobre dieta de papilla hecha con escasa avena. No olvides lo que el Papa Benedicto XVI dijo en su carta a los Obispos del 7 de julio de 2007, hablando sobre el usus antiquior
Los jóvenes también han descubierto esta forma litúrgica, sintieron su atracción, y encontraron en ella una forma de encuentro con el Misterio de la Sagrada Eucaristía especialmente adecuada para ellos.
¿Considerarían quizás tus padres ir contigo alguna vez? A lo mejor, pueden terminar sintiéndose atraídos a amar lo que tú has sido atraído a amar.

En cualquier caso, quedan otras preguntas y tú las enmarcas bien. ¿Dónde y cuándo pone uno el límite? ¿Debe uno siempre ir a misa todos los días, independientemente de cómo se celebra? ¿Puede haber alguna razón para no asistir a una misa? ¿Y podría haber alguna razón para dejar de asistir al Novus Ordo y simplemente asistir al Vetus Ordo? Estas son cuestiones de orden prudencial, pero podemos decir con certeza que una misa que no se celebra correcta y reverentemente es ofensiva para Dios en aquellos aspectos en los que resulta deficiente (la liturgia está, después de todo, conectada con el ejercicio de la virtud moral de la religión, por la cual le damos a Dios lo que le debemos en justicia—y en esto podemos fallar de muchas maneras notables—). Además, en la medida en que nos deforma, en la medida en que nos mal-forma, una misa así nos resultaría espiritualmente insalubre. Y cuando nos distraemos o irritamos, estamos mal dispuestos a adorar a Dios y recibir la Sagrada Comunión, para lo cual debemos tener una disposición de viva fe y devoción.
Creo que podemos aprender algo de la tradición oriental, que habla de "días alitúrgicos", días en los que no se celebra la liturgia, y los considera en analogía con el ayuno: nuestro deseo del Sacramento se intensifica mediante otras formas de oración. El sacrificio de la misa es la joya de la corona, pero tiene que estar dentro de una corona de oro, que es el Oficio Divino y nuestra oración personal. El oficio divino es también oración litúrgica, pero tiene la ventaja de ser algo que cualquier cristiano puede rezar, incluso solo o en un pequeño grupo. Cuando uno reza Laudes o Prima a la mañana, y/o Vísperas o Completas a la noche, y cualquiera de las otras horas menores, si uno puede encajarlas en algún rato libre, el día está consagrado al Señor de la misma manera que cuando uno asiste a misa. Es parte del gran sacrificio de alabanza que Nuestro Señor como Eterno Sumo Sacerdote ofrece a su Padre en el Espíritu Santo.
Joseph Ratzinger también habló más de una vez de los beneficios de hacer un “ayuno eucarístico” [ver este artículo para más información]. Dijo que en una época como la nuestra, que es demasiado propensa a dar por sentada la comunión, reduciéndola a una rutina que no va precedida de una profunda hambre y sed de Dios, podríamos beneficiarnos a nosotros mismos y hacer reparación por los demás no yendo a comulgar, sino más bien, haciendo un acto de deseo, una comunión espiritual. Esta es una forma en que podemos pensar positivamente sobre los días sin misa, ya sea porque no es posible encontrar una misa compatible con los propios horarios, o porque, desafortunadamente, no encontramos a tiro una misa adecuadamente reverente.
Para mí, personalmente, es muy difícil rezar en la Forma Ordinaria por varias razones. Cuando puedo cantar el Propio y el Ordinario Gregorianos con la schola, como en el Colegio, me es más fácil rezar, porque puedo entrar en el espíritu de la liturgia a través de esos cánticos auténticos de nuestra tradición, que fueron “construidos para rezar”. Sin embargo, sigue siendo un desafío. Además, como sabes, en el usus antiquior, el celebrante tiene una relevancia mucho menor que en el usus recentior, donde la personalidad del sacerdote está inevitablemente en exhibición, sobre todo a cuenta de la postura versus populum y el requisito de que casi todo sea dicho en voz alta. Por lo tanto, quién es el celebrante tiene mucha relevancia en la cuestión de si puedo asistir o no con provecho espiritual a una misa Novus Ordo.
Estas son realidades que merecen ser consideradas; de ninguna manera sería correcto obligarse a ir a misa diaria “sólo porque si”. No hay un “sólo porque si” en la vida espiritual: debemos ser conscientes de lo que estamos haciendo, cómo nos afecta y cómo puede agradar o disgustar al Señor. La misa no es solo un “sistema de reparto de Comunión”. Es un acto de adoración formal, estructurado y público, que consiste en oraciones, cantos, lecturas, ceremonias y gestos, ordenados a tales movimientos del alma como adoración, glorificación, acción de gracias, súplica y arrepentimiento. Entonces, no se trata simplemente de “donde sea que esté Jesús, Dios está complacido”: también es una cuestión de lo que estamos haciendo, lo que estamos ofreciendo de nosotros mismos a Dios, y cómo, y por qué.
La misa fue entregada por Cristo a los apóstoles y nos llega a través de la tradición acumulada, el camino por el cual Él quiso que fuéramos enriquecidos por la fe y la santidad de cada época de la Iglesia. Nada puede estar más alejado de la verdad que pensar que la liturgia es indiferente mientras la Eucaristía esté presente. La Eucaristía está presente en una Misa negra Satánica en un acto de sacrilegio supremo. La Eucaristía también está presente en muchas Misas lícitas y válidas que, no obstante, son ofensivas para Dios y perjudiciales para nosotros precisamente por la forma en que tratan (o no tratan) la Presencia de Dios. La Eucaristía es un punto culminante; no cancela todo lo demás.
Querríamos evitar dos extremos: un esnobismo litúrgico por el cual se considera que nada es nunca "lo suficientemente bueno" (porque de hecho, nada menos que la visión beatífica será totalmente satisfactorio para nosotros, aunque en el mejor de los casos, ¡la sagrada liturgia puede ser y debería ser un anticipo del cielo!); y, por otro lado, deberían intentar evitar una falsa humildad por la que se pretende no saber la diferencia entre lo apropiado y lo inadecuado, lo bello y lo feo, lo noble y lo banal, lo reverente y lo irreverente—diferencias que tienen serias implicancias para nuestra vida y el ejercicio de las virtudes de la fe, la esperanza, la caridad y la religión. La primera actitud puede endurecerse y terminar en una amarga tristeza, y la segunda en un relativismo que socava los esfuerzos siempre necesarios para mejorar nuestra vida eclesiástica.
Si los grandes santos reformadores hubieran tenido la actitud de que "está todo bien" y "¿quién soy yo para juzgar?", la renovación católica nunca habría sucedido en muchos siglos anteriores; pero si hubieran sido demasiado impacientes y severos, habrían terminado en desesperación. Como siempre, virtus stet in medio, la virtud se encuentra en el medio o en la posición media; y como Aristóteles repetidamente observa en su Ética, encontrar el medio no es una tarea fácil. Pero aún y siempre, debemos esforzarnos por ello.
No rehúso mi ayuda para mejorar el Novus Ordo cuando se me pide que lo haga, pero mi mente y mi corazón están firmes y para siempre con el rito romano clásico, que es nuestra herencia, nuestro tesoro, nuestra línea de vida, nuestra piedra de toque, nuestra gloria como católicos romanos. Restablecer esta magnífica lex orandi y participar más profundamente en ella es el objetivo que debemos fijarnos, tanto para nuestro propio beneficio como para el de innumerables hermanos creyentes que están deshidratados, faltos de lo divino y hambrientos de lo sagrado.

Oremus pro invicem.

Dr. Peter Kwasniewski

Extraído del blog onepeterfive.com

Tradujo Beltrán María Fos

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Me quedo con el final: mi mente y mi corazón están firmes y para siempre con el rito romano clásico, que es nuestra herencia, nuestro tesoro, nuestra línea de vida, nuestra piedra de toque, nuestra gloria como católicos romanos. Restablecer esta magnífica lex orandi y participar más profundamente en ella es el objetivo que debemos fijarnos, tanto para nuestro propio beneficio como para el de innumerables hermanos creyentes que están deshidratados, faltos de lo divino y hambrientos de lo sagrado.
Hilbert

Bruno dijo...

Muchas de las cosas que dice el autor son no solo ciertas, sino especialmente necesarias en nuestra época.

Sin embargo... El enfoque general no me resulta del todo acertado. Casi me atrevería a decir que es opuesto a las cosas concretas que se afirman.

Creo que el núcleo de lo que no me gusta es esta frase (que se repite de otras formas a lo largo de todo el artículo): "Por lo tanto, quién es el celebrante tiene mucha relevancia en la cuestión de si puedo asistir o no con provecho espiritual a una misa Novus Ordo". Y la sugerencia indirecta de que, si no se puede ir a una Misa que uno considera lo mejor celebrada posible, es mejor no ir a ninguna.

Francamente, mi opinión es que el "provecho espiritual" que yo saco o dejo de sacar es lo menos importante de la Misa. Sobre todo el que resulta perceptible por mí mismo. Muchas veces he ido a Misa de diario sin sacar ningún "provecho espiritual" observable (por mil razones, desde mi estado de ánimo, las distracciones o que el sacerdote diga tonterías en la homilía o sea pesadísimo al hablar) y no se me ocurre que esa Misa haya tenido menor valor o haya sido más prescindible que otras.

Justo eso es lo que mejor muestra la Misa antiquior: lo importante es lo que sucede. Nosotros tenemos muy poca importancia. Paradójicamente, de ahí surge una inmensa fecundidad espiritual, pero cada cosa en su lugar.

Si eso está claro, by all means vayamos a la liturgia más bella, tradicional y bien celebrada del mundo. Pero conviene que lo tengamos claro, no sea que al final nos estemos mirando el ombligo, exactamente igual que los curas showman.

Anónimo dijo...

Well said. O como le recomendaba Tolkien a su hijo: Que fuera a sufrir con Cristo a las misas donde es ofendido y vejado.
Como San Juan y la Virgen al pie de la Cruz.
Vladimir.

Anónimo dijo...

Ojo con acompañar a Cristo en las misas donde es ofendido y vejado. No sea que en vez de estar como la Virgen y San Juan en el Calvario, estemos como San Pedro en el atrio de Pilatos: calentándonos al fuego y compadreando con los indiferentes (no eran enemigos: solo indiferentes). Y acabemos negando al Señor a requerimiento de la portera.

Anónimo dijo...

Dicúlpenmennnnn, pero me parece un delirio lo de los comentaristas, tengan o no el apoyo de Tolkien. Si es por eso, ¿dónde se ofende más a Nuestro Señor que en una misa negra? ¿por qué no van a reparar a una misa negra? Se puede reparar las ofensas sin asistir a esas misas, se puede reparar asistiendo a una misa dignamente ofrecida a Dios.
Recaredo.

Ramón dijo...

Vladimir, ese argumento lo reiteró también Agustín Eck. Pero creo que en este caso se trata de una engaño.
Porque tenemos Misas en las que se respeta el sacramento.
La cosa es complicada, pero no creo que se pueda poner en riesgo incluso la propia fe con ese argumento.

Âνδρέας dijo...

Vladimir, creo que no conviene sacar de contexto la frase de Tolkien (supuesto que sea exactamente esa, claro, y la traducción correcta).
En el mejor de los casos, Tolkien se refería al Novus Ordo "bien celebrado", como sin duda lo era en la Inglaterra de los '70s... Tolkien muere en el '73, así que probablemente jamás vio una aberración como las que estamos acostumbrados (tristemente), es más, lo más que vio (y detestó) fue el cambio a la lengua vernácula y las primeras pruebas. Claro que, con el buen ojo que lo caracterizó, ya veía el problema de fondo...
No conviene, digo, citar fuera de contexto.

marqués de villa luzuriaga dijo...

Che, Griego, no saques de contexto a Tolkien y lo que dijo, que el sólo hecho del olvido de la mantilla le daba urticarias.
Quieren un Tolkien católico-naif porque escríbía novelas fantásticas, pero fue un hombre cabal, no un papanatas.

Âνδρέας dijo...

marqués de villa luzuriaga, si lo que dije dio la impresión de que quiero un Tolkien católico-naif, me disculpo. Nada más lejos de mi intención.
Mi punto era que la frase que cita Vladimir da la impresión de que Tolkien aconsejara acudir a Misas Novus Ordo o mal celebradas para "sufrir con Cristo"... el Anónimo de las 14:26 lo interpretó así, por ejemplo.
Claro que Tolkien fue un hombre cabal, y en mi opinión un auténtico místico.

PD: el griego se lee "Andreas", es decir, Andrés.

USOZ dijo...

A ver, la cita de Tolkien es de una carta de NOVIEMBRE DE 1963.

Por tanto, se refiere a la misa tradicional, no al horror postconciliar.

No debe por eso sacarse de su contexto temporal.

Sabemos muy bien lo que el Profesor opinaba de lo que Waugh definió apropiadamente como “bitter trial”. Así, su nieto Simon recuerda cómo se comportaba en las misas postconciliares: DANDO LAS RESPUESTAS EN ALTA VOZ EN LATÍN, mostrando asÍ su rechazo al espantajo litúrgico que nos trajo el Papa al que están a punto de canonizar...

USOZ