miércoles, 21 de octubre de 2015

El tumor pontificio


Anoche se conoció en Italia y en el mundo la noticia: el Papa Francisco tendría un tumor cerebral. 
Lo publicó el diario boloñés Quotidiano Nazionale y aseguran que se trata de un dato que fue chequeado con diversas fuentes y que era conocido desde hacía ya tiempo. Hoy se hacen eco del mismo en portada los principales diarios italianos. 
Por supuesto, y como era previsible, el P. Lombardi salió inmediatamente a desmentir la noticia: el Papa goza de buena salud. El problema es que el pobre Lombardi tiene la credibilidad de Aníbal Fernández: dicen lo que le ordenan que diga de Santa Marta.
Y la Piqué, en La Nación de hoy, agrega el testimonio irrefutable de Mons. Karcher: "El Papa tiene una salud de hierro". El problema es que Karcher tiene la credibilidad, y la imagen, de Vicky Xipolitakis.
No sería extraño que, en las próximas horas, algún representante del Opus Dei o del IVE o de algún otro grupúsculo neocon, saliera a decir que la mancha negra que habría aparecido en el cerebro pontificio es una confirmación de la infalibilidad divina pues no sería otra cosa que la somatización de la conexión espiritual constante que mantiene el Papa con el Espíritu Santo.
Veremos qué ocurre en los próximos días, y meses. Y digo veremos porque, aún cuando fuera verdad, el Vaticano seguirá negando todo. Pero este tipo de patologías tienden a manifestarse con bastante visibilidad. La "manchita" explicaría, por ejemplo, la mirada perdida y los gestos ausentes que es posible descubrir en el pontífice en los innumerables videos de Youtube, cuando no está alerta y actuando para las cámaras.
Que San Pantaleón le conceda salud. 

martes, 20 de octubre de 2015

La importancia de ser inútil

En los momentos en los cuales las sociedades comienzan a crujir presagiando la inminencia de sus caídas, es natural que los hombres íntegros se pregunten con inquietud qué hacer, y surge siempre la tentación de soñar con grandes empresas y buscar con desesperación a un líder salvador, convirtiéndose todos en soldados rasos a su servicio y postergando, en razón de ese difuso bien común, las propias particularidades. Los inútiles, es decir, los que no se enrolan en esa empresa y no militan en tal batallón, son desechados como lastre más pesado aún que el que representan los paganos.  
Pero lo cierto es que la historia nos enseña que en esos momentos críticos los más útiles son los inútiles. Mientras Europa se desangraba durante la Segunda Guerra Mundial, un inútil profesor universitario de Oxford se dedicaba a escribir una fantasía que terminó llamándose El Señor de los Anillo, un libro que ha salvado más vidas que cientos de grupos parroquiales juntos. Pero quiero fijar la mirada en esta ocasión  en un momento histórico similar al nuestro y en un personaje al que aún hoy mucho le debemos.
El siglo VI se encontró que Europa ya no existía. El Imperio Romano de Occidente había caído y lo que había sido una unidad orgánica, ahora no era más que un conglomerado de ciudades que giraban en la órbita de las tribus bárbaras vencedoras: visigodos en España, francos en la Galia, burgundios en Retia, vándalos en África y ostrogodos en Italia. Aunque todos pretendían seguir siendo “romanos”, Roma ya no existía, y los únicos que mantenía cierto orden eran los obispos, organizados según el diseño de la antigua administración imperial.
La papuerización de la cultura y la educación parecían irremontables. Signo de ello era que ya nadie en Occidente sabía griego, e ignorar esa lengua era ignorar la filosofía, los clásicos y, todavía más importante, la teología, porque el cristianismo se había desarrollado teológicamente en Oriente. Aún el mismo latín estaba perdiéndose puesto que la atomización política había propiciado también la atomización lingüística y ya se estaban fortaleciendo las lenguas romances. Como señala Pierre Riché (Éducation et culture dans l’Occident barbare. VI – VIII siécle, Seuil, Paris, 1995), las clases dirigentes habían perdido todo interés por la cultura clásica y por la educación en general y aún la formación de las elites políticas y religiosas era más que deficiente.
 En ese momento asciende al trono de Italia el ostrogodo Teodorico cuyo poder militar le permitió  gobernar sobre las penínsulas itálica e ibérica, la Galia mediterránea y las provincias del Danubio. Preocupado por hacer resurgir el imperio no sólo políticamente sino también culturalmente llamó a su lado a Boecio y, posteriormente, a Casiodoro. Y este el personaje en el que quiero detenerme. La familia de Casiodoro formaba parte del patriciado romano y él mismo había sido nombrado cónsul siendo muy joven. A pesar de las circunstancias de su época, fue quizás el último de los romanos en recibir la formación clásica reverdecida con el cristianismo.
Sucedió en su cargo a Boecio y estuvo al lado de Teorodico luchando, junto al rey, para restaurar el principado y las grandezas culturales del imperio. No pudieron. Muerto el rey, Casiodoro continuó en su puesto durante algún tiempo con la nueva reina, pero pronto se dio cuenta que no había caso: todo se caía a pedazos. La solución no venía a través de la política –él lo había ensayado- ni a través de las grandes empresas. Era la hora de los inútiles. Y así fue que se retiró a una de las posesiones de su familia en Esquilache donde fundó el Vivarium, una especie de monasterio en el que sus habitantes tenían un solo cometido: estudiar y copiar las obras clásicas, griegas y latinas, que había legado la antigüedad. Casiodoro se daba cuenta que, sin ese repositorio, Occidente estaba perdido.
Y fue gracias a su labor que los monjes medievales conocieron a Séneca y Cicerón, y a todos los demás clásicos, y que hoy podemos leer a Virgilio. Fueron estos inútiles escapistas, refugiados cómodamente en una casa solariega mientras Occidente se caía, los que salvaron a Occidente. No quisieron meterse en política –más bien huyeron despavoridos de ella- y ni siquiera les importó las triquiñuelas eclesiásticas. Se dedicaron a hacer lo que sabían y podían hacer: estudiar y copiar para conservar.
Los tiempos de hoy son bastantes similares a los del siglo VI. La diferencia está en que ningún Teodorico se avizora en el horizonte y mucho menos un papa Agapito. Es la hora, entonces, de Casiodoro, es decir, es tiempo para que cada uno desarrolle sus propios dones y particularidades. Es la hora de que los poetas se dediquen a cantarle a la luna y a la mujer amada, que los pintores pinten íconos, que los músicos interpreten a Bach y a Beethoven, que los políglotas traduzcan y que los monjes recen. No estoy abogando, por cierto, de que todos nos retiremos a algún monasterio abrigado por las montañas o por los bosques. Estoy diciendo que es el momento en el que cada haga lo que sabe hacer, según Dios se lo pide, más allá de las estructuras institucionales que no siempre son funcionales. 

Es la hora de los inútiles.

lunes, 19 de octubre de 2015

Satán


Satán es uno de los libros más importantes de Albert Frank-Duquesne. La librería Vórtice acaba de publicarlo en versión electrónica y de descarga gratuita.
Y en castellano, con traducción de Jack Tollers y estudio preliminar del P. Carlos Baliña.
Pueden bajarlo en diferentes formatos desde aquí.

viernes, 16 de octubre de 2015

Portazo al Sínodo

Steve Skojec (de www.onepeterfive.com) y Patrick Archbold (de www.creativeminorityreport.com) han redactado una petición a los participantes del sínodo sobre la familia para que se pongan de acuerdo y se retiren de la reunión de consuno para que quede palmaria constancia de su desacuerdo con el modo de proceder adoptado en aquella reunión tanto como por los contenidos que presumiblemente quedarán plasmados en las conclusiones finales.

Aquí el texto traducido por Jack Tollers: 

Estimados Padres Sinodales:
Les damos las gracias por dar testimonio de la verdad y defenderla en todo lo referente al matrimonio y la familia tal como siempre lo ha proclamado la Iglesia fiel a Nuestro Señor Jesucristo. A medida que se desenvuelve el Sínodo Ordinario sobre la Familia, la confusión y los escándalos se propagan entre los fieles. Hay católicos preocupados por cuanto algunos miembros de este cuerpo de sucesores apostólicos, bajo la guía del Papa, están tratando de homologar relaciones homosexuales, cuestionando la indisolubilidad del matrimonio y que quieren permitir la distribución de la Santa Eucaristía a gente en situación irregular y no arrepentida. 
El Instrumentum Laboris que rige el Sínodo ha sido redactado en un lenguaje que tanto por lo que incluye como por lo que omite en ciertas secciones (§ 122-123; §§ 124-125; §§ 130-132 (55-56); §137), desde un punto de visto católico y ortodoxo constituyen afirmaciones inaceptables en lo que se refiere a su aproximación a los temas del divorcio y tentativas de casarse nuevamente, aparte de lo referido a la homosexualidad y la anticoncepción. Con profundo dolor hemos comprobado cómo se ha ido gestando esta crisis, comenzando con la sesión extraordinaria del año pasado, en octubre de 2014, con lo que se nos ha hecho muy difícil confiar en que finalmente desembocaría en un final feliz.  
Los retoques irregulares a las reglas que rigen el proceso actual del proceso sinodal prácticamente asegura que el Instrumentum Laboris terminará rigiéndolo todo. Este proceso revisado a todas luces parece rechazar todo diálogo, transparencia y colegialidad, y el comité que redacta el documento final del Sínodo pareciera no tener en cuenta ninguna opinión substancial de los padres sinodales. Lamentamos comprobar que ni siquiera se ha acusado recibo de las muy notables y públicas apelaciones filiales y cartas abiertas dirigidas a los organizadores del Sínodo y no hay señal alguna de que fueran a enmendar su proceder. Varios cardenales encumbrados han expresado su preocupación al Papa pero su parecer ha sido sumariamente desestimado como opiniones que ni siquiera vale la pena considerar, además de resultar acusados injustamente cuando expresaban legítima preocupación de que no serían escuchados. 
Teniendo presente todo lo expuesto precedentemente no podemos sino temer que el Sínodo Ordinario intentará recomendar modificaciones de las enseñanzas y de las prácticas pastorales contrarias al Evangelio de Cristo, a la enseñanza constante de la Iglesia en todo lo concerniente al sagrado misterio del matrimonio y a la naturaleza de la sexualidad humana. Si así fuera, incontestablemente se pondría en peligro a las almas de este tiempo. 
El Código de Derecho Canónico en su canon 212 §3 declara que los fieles católicos “tienen el derecho, incluso en algunos casos el deber, de conformidad con sus conocimientos, incumbencias y responsabilidades, de manifestar a los sagrados pastores sus puntos de vista en lo todo asunto que refiera al bien de la Iglesia. Y también cuentan con el derecho de hacer conocer sus opiniones a los demás fieles de Cristo…” 
Por tanto, respetuosamente pedimos que cada uno y todos los obispos católicos fieles, después de haber hecho cuanto hayan podido oponiendo resistencia a los que niegan las enseñanzas de Cristo, que, si la dirección general de Sínodo permanece inalterada y las voces fieles continúan desoídas, cumplan con su sagrado deber y se retiren públicamente de la reunión antes de que concluya haciendo constar que no continuarán participando del Sínodo con el objeto de impedir escándalos mayores y una generalizada confusión. 
Aquellos obispos que permanezcan como participantes aceptando los procesos instrumentados y sus conclusiones, ciertamente deberán cargar con la consecuente responsabilidad por la confusión y los pecados engendrados entre los fieles católicos como consecuencia de esta desastrosa reunión.  

Los interesados en firmar, dirigirse a:


jueves, 15 de octubre de 2015

El Papa fashion

¿Alguien vio posar a algún Papa de esta manera?

En la tapa en la revista Paris Match de esta semana: 
"El Papa Francisco recibe a París Match en su casa del Vaticano"


martes, 13 de octubre de 2015

¡Qué te hicieron Bergoglio!

El sitio Secretum Meum Mihi reporta un artículo de Dagospia en el que se narra, entre otras cosas, la reacción del papa Francisco cuando se enteró de la filtración de la carta escrita por los trece cardenales. Un baldazo de agua helada que se sumó a la noticia del monsignorino que salió del armario. Aquí el relato:

"Ayer en la noche, a las 19 horas, en el Vaticano sucedió el fin del mundo. Inmediatamente después de la publicación, en el blog del vaticanista de “L’Espresso” Sandro Magister, de la carta con la que 13 cardenales planteaban al Papa sus objeciones sobre el Sínodo, el eternamente amable Bergoglio se fue con toda la furia. Cogido por un improviso y violento ataque de ira, Bergoglio primero tronó contra la purpura conservadora (“Si las cosas están así pueden irse. La Iglesia no necesita de ellos. ¡Los echo a todos!”) y luego —desfogada la ira— tuvo un leve malestar. Un poco de taquicardia, una subida de presión. Nada serio, pero sintomatico de un malestar —no sólo físico— que se vive desde hace meses en las secretas estancias... “

¡Qué te hicieron, Bergolglio!

Vizcacha

El Viejo Vizcacha es un personaje del Martín Fierro. Es el Maquiavelo argentino, hábil para dar consejos y enseñar mañas a fin de salirse con la suya, pasarla bien y mantener el poder. Decía, por ejemplo, 

No te debés afligir
Aunque el mundo se desplome;
Lo que más precisa el hombre
Tener, según yo discurro,
Es la memoria del burro
Que nunca olvida ande come.

Dejá que caliente el horno
El dueño del amasijo.
Lo que es yo, nunca me aflijo
Y a todito me hago el sordo:
El cerdo vive tan gordo
Y se come hasta los hijos.

Lo importante, para Vizcacha, no es la inteligencia del hombre superior sino la del burro que sabe lo esencial: el lugar donde hay comida. Lo importante es no pelearse con los que no conviene; dejar hablar a todos pero no hacer caso a nadie. 
Los memoriosos cuentan que el P. Jorge Bergoglio tenía siempre sobre su mesita de luz El príncipe de Maquiavelo. Es más probable que haya tenido el Martín Fierro de José Hernández, marcado en el episodio del Viejo Vizcacha.
Ya todos los lectores del blog estarán al tanto de las ideas y vueltas de la carta que publicó Magister en su blog; de la cobardía de algunos cardenales negacionistas y de la hombría de otros, como Pell y Napier, que admitieron haberla firmado. 
El matrimonio periodístico formado por el ex-sacerdote Gerard O’Connell y nuestra amiga Elizabetta Piqué asestaron entre ayer a la noche y hoy, una nueva operación de prensa, muy probablemente con la venia de Vizcacha. Pueden verlo en el semanario de los jesuitas de Estados Unidos America y en La Nación. 
Más allá de los firmantes asumidos o vergonzantes, la existencia de la carta indicaba una difusa y creciente inquietud entre muchos padres sinodales debido a la insistencia en imponerles como base de discusión un documento, el Instrumentum laboris, que día a día se revela como inadecuado, y el temor a que este escrito invadiera con su ambigüedad la Relatio finalis, cuya redacción está en manos de una comisión nombrada totalmente por Vizcacha -y no elegida por los miembros del sínodo, como había sido siempre la práctica-, integrada por una apabullante mayoría de progresistas.
En vez de una Relatio finalis larga, discursiva y condicionada por el Instrumentum laboris, insidiosa y complicada para ser votada, lo que provocaría que debiera ser aprobada o rechazada en bloque, muchos padres sinodales preferían que al final de la reunión se votara punto por punto propositiones sintéticas y claras, como siempre se hizo en el pasado. Pero está esperanza fue sepultada la primera semana del sínodo por la inesperada intervención del mismo papa Francisco y de sus dos secretarios a fin de bloquear cualquier posibilidad de cambio en el reglamento. 
Se trata, claramente, de una estrategia de Vizcacha: el documento o relatio finalis que probablemente ya esté escrito -es lo que se dice-, será largo, aburrido y ambiguo, con ese lenguaje repugnante e indigestible propio de los documentos episcopales argentinos, de las encíclicas bergoglianas y de los escritos de Tucho Fernández. Un texto de esta naturaleza no podrá ser votado punto por punto y se pedirá su aprobación o rechazo en bloque. Ciertamente, no será rechazado, y quedará entonces como fruto del sínodo de la familia un lagunoso documento que servirá para convalidar cualquier postura: la de los más progresistas y la de los conservadores. Díganme si no es esta una típica maña de Vizcacha.
Pero eso no es todo. Un periódico alemán publicaba hoy una nota titulada “El sínodo de las sombras”.  En síntesis, lo que allí se cuenta, es que el papa Francisco recibe todos los días en su despacho de Santa Marta, individualmente, a muchos de los participantes del sínodo con quienes pasa largos momentos de conversación. 
Es decir, Vizcacha se está encargando de “operar” a aquellos padres sinodales más flojitos o temerosos, ablandándolos con lisonjas o amenazándolos con misericordiaciones -no lo sabemos-, a cambio de que se pasen al bando de los progresistas y lo acompañen en todas sus decisiones.
Díganme, otra vez, si no es eso lo que históricamente hicieron los gobernantes peronistas con los legisladores de la oposición: un cheque o un carpetazo con el reporte de negocios sucios, son suficientes para comprar un voto a la hora de aprobar leyes. 

Nunca hubiera imaginado José Hernández que se convertiría en el libretista de uno de los peores y más dañinos pontificados de la historia.