miércoles, 5 de septiembre de 2018

¿Una nueva bomba?


Pareciera que se están aprontando los detonadores de una nueva bomba. Mientras, según se reporta en sitios italianos, el papa Francisco se prepararía para suspender a divinis a Mons. Carlo Maria Viganò, por sugerencia del cardenal Coccopalmiero -uno de los denunciados por favorecer la mafia gay en la Curia-, Il fatto quotidiano comenzó ayer una serie de artículos que revelan profundidades aún más abisales de los protegidos y promovidos por Bergoglio. Aquí va una traducción:

Un dossier sobre el obispo Farrell. Nueva bomba en el Vaticano
4 de septiembre de 2018.
por Francesca Fagnani
Dentro de la Iglesia hay una guerra civil violentísima y sin precedentes, que involucra al Pontífice. El documento escrito por el arzobispo Carlo Maria Viganò, en el que el Papa Francisco es acusado de haber callado los abusos cometidos por el ex cardenal arzobispo de Washington, Theodore McCarrick, ha dado la vuelta al mundo. Pero pronto podría explotar otra bomba. Según una fuente calificada cercana a la Congregación para la Doctrina de la Fe, existiría un dossier también sobre el obispo Kevin Joseph Farrell.
Nombrado por Bergoglio motu proprio en 2016 como jefe del nuevo dicasterio para los laicos, la familia y la vida, es de hecho el religioso americano con más alto grado en la Curia. Fue miembro de los Legionarios de Cristo y nombrado obispo auxiliar de Washington porque el mismo McCarrick lo quiso como su vice: los dos habría sido parte del “círculo mágico” del papa Francisco. Pero no sólo eso. También habrían vivido juntos durante años en el mismo departamento. ¿Cómo podía entonces, Farrell no conocer las prácticas sexuales de McCarrick? ¿Qué hay en este dossier sobre Farrell? El Papa y el Secretario de Estado, siempre en conocimiento de todos los expedientes abiertos por el Tribunal de la Congregación, ¿cómo es posible que no supieran nada? ¿Y el alto nombramiento de Farrell es posterior o anterior a la apertura de este expediente? El historiador Roberto De Mattei, uno de los máximos expertos en el Vaticano y conocido por sus posturas tradicionalistas, comenta: “La relación entre los dos prelados era conocida pero nunca fue clara. Detrás del silencio del Papa Francisco y del secretario Parolin podría esconderse otra cosa”. ¿Será verdad? “Conozco personalmente a Viganò, y es un hombre honesto y virtuoso. Estoy seguro que todo lo que dice es verdad. Probablemente sepa mucho más. Como es sabido, existe un famoso informe de tres cardenales (Herranz, Tomko, De Giorgi) sobre la corrupción moral, y no solamente ella, dentro de la Curia, que fue entregado al Papa Ratzinger antes de su renuncia. Este informe es conocido por Francisco y por un número limitado de personas. ¿Qué ocurriría si fuera publicado?”.

Susto en el Vaticano. Todos los nombres en la lista del lobby gay
5 de septiembre de 2018
por Francesca Fagnani
Además del tenaz silencio en los vértices del Vaticano en relación a lo denunciado por el ya famoso documento del arzobispo Carlo Maria Viganò, podría haber miedo de ser desmentidos por nuevos hechos a raíz de la “guerra atómica” a la cual ya hacen referencia voces internas de la Santa Sede.
Ayer les contamos el “caso Farrell” […] Contactamos a la Congregación para la Doctrina de la Fe para pedir un comentario, o eventualmente una desmentida, y la respuesta fue: “No habrá ninguna comunicación”. El Vaticano, por tanto, no desmiente a Il fatto quotidinao, sino que elige como con McCarrick, la estrategia del silencio. Y también porque las preocupaciones de la Santa Sede no se terminan aquí.
Las nubes en el horizonte se relacionan con las posibilidades concretas que surgen de los documentos contenidos en la investigación que los cardenales Julián Herranz, Josef Tomko y Salvatore De Giorgi entregaron a Benedicto XVI. El informe contiene un cuadro detallado e inquietante de la corrupción moral y material del clero, con nombre, apellido y circunstancias. Hemos tenido la oportunidad excepcional de ver un documento con membrete pontificio que forma parte de la la investigación, y del cual publicamos aquí una parte: se trata de una lista de prelados y laicos que pertenecerían al así llamado lobby gay, que a través de chantajes y secretos podrían condicionar, o haber condicionado posiciones y carreras. 
No revelaremos los nombres que aparecen en la lista, pero podemos confirmar que entre ellos están presentes personas removidas por el Papa, otras que cambiaron de funciones y otras que aún hoy ocupan importantes cargos en el interior de los órganos estratégicos del Vaticano, como por ejemplo en Propaganda Fide e incluso en la Secretaría de Estado. 
La investigación de los tres cardenales ha permanecido hasta ahora top secret. Un círculo muy estrecho pero no pequeño de personas tuvo ocasión de leerlo, y esto antes del Cóncalve, a fin de darle una mano al Espíritu Santo que llevó finalmente a Bergoglio al solio pontificio. Para redactar el dossier fueron interrogados decenas de sacerdotes y altos prelados, y acopiado documentos de todo tipo. Si la opinión pública llegara a saber el contenido del informe final sería una desastre para la imagen de la Iglesia, ya devastada en todo el mundo por los escándalos sexuales. Pero es justamente eso lo que podría ocurrir en esta etapa, visto el revoloteo de los cuervos es una práxis secular en el Vaticano que indica la lucha entre los bandos se hace más dura.
Esta vez la guerra es al mismo Papa. Bergoglio, por otra parte, no puede contar con la protección de la Curia por la relación complicada que entabló desde el comienzo por motivos de poder, personales y doctrinales. 
Francisco no puede contar ni siquiera con algunos de sus más poderosos amigos y sostenedores, manchados ellos mismos por escándalos de abusos sexuales o por haber cubierto tales comportamientos: desde McCarrick a Farrell, del cardenal Roger Mahony al cardenal Godfried Daneels, de los prelados chilenos al poderoso cardenal George Pell, el número tres del Vaticano, actualmente en Australia bajo proceso por varios casos de encubrimiento. 
Pedimos a través de estas páginas al Papa Bergoglio, al Secretario de Estado Parolín, de esclarecer los casos de McCarrick, Farrell y sobre la comisión de los tres cardenales, ya que estas cuestiones morales no pueden esconderse en el silencio. La reforma de la Iglesia pasa también por la verdad. 


Traducción The Wanderer

lunes, 3 de septiembre de 2018

No en mi nombre

Es curioso cómo las circunstancias actuales han provocado que termine coincidiendo con la consigna que hace el reciente movimiento de católicos que desean apostatar formalmente de la Iglesia. “No en mi nombre”, dicen, y se refieren, entre otras cosas, a su oposición a que el Estado continúe financiando a los obispos con un sueldo mensual. Yo también digo “No en mi nombre”, pero no me dirijo al Estado, sino a los obispos argentinos.
El jueves pasado, la Conferencia Episcopal Argentina envió al Papa Francisco una carta que comienza con este párrafo: “Como Pueblo de Dios que peregrina en la Argentina, pastores y fieles, queremos manifestarle nuestra fraterna y filial cercanía en este momento en que sufre un ataque despiadado en el que confluyen distintos y mezquinos intereses mundanos. Compartimos sus dolores y esperanzas”.
Soy parte de ese mentado “Pueblo de Dios que peregrina en Argentina” y la verdad es que no quiero mostrarle ningún tipo de cercanía al Papa, ni fraterna ni filial, sino que quiero exigirle que hable y de explicaciones por lo está ocurriendo en la Iglesia y por su responsabilidad en tamaña crisis. Y estoy seguro que si preguntaran a los miembros de ese Pueblo de Dios, una buena mayoría estaría de acuerdo conmigo. Por eso pido a los señores obispos que en su correspondencia con le Papa de Roma, no hablen en mi nombre. 
Como a muchos, la carta del episcopado argentino me produjo una enorme bronca y vergüenza. Es repugnante. Rebosa baba espesa y pegajosa, como la de las babosas. Y tienen, además, la desfachatez de pretender que los “ataques” que está recibiendo Bergoglio estarían originados en “mezquinos intereses mundanos”. ¿No será más bien al revés? ¿No será que porque Bergoglio está entregado a esos intereses mundanos está siendo interpelado por los buenos católicos?
Esta despreciable actitud de los obispos argentinos aparece más abyecta aún cuando se la compara con lo que está sucediendo con los obispos de Estados Unidos, que han adoptado una actitud de valentía y verdaderamente edificante (¿cuándo podremos los argentinos decir que somos edificados por nuestros pastores?), que pueden llegar a provocar más de una sorpresa. El presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, cardenal DiNardo, emitió un comunicado en el que afirma que las cuestiones planteadas por Mons. Carlos Viganò son conclusivas y están basadas en la evidencia. Y él lo siguieron muchos más (en este documento pueden leer algunas de esas declaraciones).Mons. Salvatore Cordileone, arzobispo de San Francisco, afirmó que la declaración de Viganò “debe ser tomada seriamente. Tratarla con ligereza contribuiría a continuar con la cultura de la negación y la ofuscación”. 
Mons. Robert Morlino, obispo de Madison, dijo: “Debo confesar mi decepción debido a que en el vuelo de regreso de Dublin a Roma el Santo Padre haya elegido “no comentar” en relación a las conclusiones que deben sacarse a partir de la declaración del arzobispo Viganò. […] … y además expresó que esas conclusiones deben ser dejadas a la ‘madurez profesional’ de los periodistas. En Estados Unidos y en otros lugares, de hecho, pocas cosas son más cuestionadas que la madurez profesional de los periodistas…. Yo nunca le otorgaría madurez profesional del periodismo del National Catholic Reporter, por ejemplo”. Y son varios más los obispos que emitieron y siguen emitiendo cartas pastorales y comunicados en este mismo sentido, muy notable la de Mons. Chaput, arzobispo de Filadelfia, que dice: “Le escribí al Santo Padre y le he pedido que cancele el próximo sínodo sobre los jóvenes. En este momento, los obispos no tendrían absolutamente ninguna credibilidad para hablar sobre este tema”. 
Los argentinos podemos esperar sentados a tener obispos de esta valentía y con esta preocupación genuina por el bien de la Iglesia y de sus fieles, y que no teman perder sus puestos y alguna posible promoción. 
Creo que este movimiento le va a resultar muy difícil de detener a Francisco y sus validos. Diría el finado Néstor Kirchner, “está nerviosho”, y se le nota. Y están inquietos también los periodistas que se convirtieron en su escudo protector, como Julio Algañaraz y Elizabetta Piqué, que escriben larguísimos artículos despotricando contra los “ultraconservadores” que, capitaneados por el cardenal Burke, buscan desestabilizar al Papa. Lo curioso es que periodistas mucho más importantes que ellos y de medios de prensa internacionales están comenzando también a exigirle respuestas a Bergoglio.

Veremos en qué termina todo esto pero mucho me temo que no será suficiente con patear al corner diciendo: “Saquen ustedes sus propias conclusiones”. Como dijo hace pocos días Mons. Marian Eleganti, obispo de Coira (Suiza), la respuesta del Papa es el clásico “no negar la negación”, un recurso lógico para no decir nada y no mentir. “El Papa está rodeado de una red de consejeros pro-homosexuales”, agregó. Los vientos de América ya cruzaron los Alpes suizos.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Se le está acabando la cuerda


El 2 de octubre de 2015 -hace casi tres años-, publicaba este post que sugiero releer. Allí explicaba de qué modo el Papa Francisco, a través de sus voceros, se desentendía de la entrevista que había concedido en su viaje a Estados Unidos a Kim Davis, la jueza que fue encarcelada por negarse a validar “matrimonios” homosexuales. Bergoglio le dijo, como a tantos otros, “¡Qué te hicieron!”, la frase que hizo famosa el libro del finado Omar Bello, como reportamos pocos meses después de la elección su elección en este artículo.
Tres años más tarde, la mentira de Francisco ha salido a luz. El 28 de agosto apareció en The New York Times un artículo en el que Juan Carlos Cruz, uno de los abusados por el P. Karadima, relata que durante su reciente encuentro con el Santo Padre, éste le había dicho, tratando de dejarle bien el claro que no tiene nada contra los gays, que durante su visita a Estados Unidos el nuncio Viganó se había aprovechado de su inocencia para colarle a Jim Davis: “No sabía quién era esa mujer, y él (el nuncio) la escabulló a fin de que yo pudiera saludarla y, por supuesto, después hizo mucha publicidad del caso. Cuando me enteré de todo, quedé horrorizado y despedí al nuncio”.
Pues bien, Mons. Carlo Viganó ha dado a conocer hoy nueva declaración en la que explica, con pruebas y testigos, cómo fueron en realidad los hechos. Pueden leerla en castellano en este artículo de Infovaticana. 

Queda claro y probado que el Papa Francisco mintió descaradamente. Como en otra ocasión dijimos en estas mismas páginas (lo que nos valió severas críticas y la pérdida de algunas amistades), el Papa Francisco es un pícaro sinvergüenza. Ya no hay modo de taparlo. Sus embustes están saliendo a la luz. A Bergoglio se le está acabando la cuerda.

jueves, 30 de agosto de 2018

Al calor de Hiroshima


Cuando Mons. Carlo Viganò, cuando otros importantes personajes y cuando yo mismo afirmamos que el Papa Francisco debe renunciar, estamos seguros -al menos yo-, que nunca renunciará. Bergoglio es un jesuita y los jesuitas están programados para alcanzar el poder sin importar los medios porque siempre encuentran un vericueto moral que les calma la conciencia. Bergoglio, como quintaesencia del jesuitismo, jamás soltará el poder. No entra en el horizonte de sus posibilidades. Por eso, nuestro reclamo a que renuncie no deja de ser retórico y, en todo caso, es un modo más de señalar la incapacidad de este personaje para dirigir los destinos de la Iglesia. 
Sin embargo, conviene preguntarse si una eventual renuncia del Papa Francisco al ministerio petrino sería una buena medida. Y creo que no, que de ninguna manera debe renunciar. Y van aquí algunas razones:
  1. El “deber” de renunciar debido a que se cometió un grave error en el gobierno o en razón de problemas morales es propio de las democracias liberales contemporáneas, en las que el poder pertenece al pueblo y, cuando el gobernante no cumple con las condiciones exigidas por el soberano, debe devolverle a éste el poder que le dio. En el pensamiento católico, el poder es de Dios y el poder, si fue legítimamente recibido, no se entrega. Al gobernante que lo detenta le corresponderá luego dar cuenta ante Dios de lo que hizo con lo que le fue entregado, pero el poder no se entrega. Por tanto, si exigimos seriamente y no como recurso retórico que el Papa renuncie porque encubrió una red de homosexuales activos dentro de la Iglesia, estamos apropiándonos de un argumento liberal y moderno, lo cual no solamente es absurdo sino que es peligrosísimo: con toda seguridad, antes o después, será usado en nuestra contra. Es, aunque no nos demos cuenta, pactar con el enemigo, y no el de Bergoglio, sino el de la Iglesia.
  2. Es verdad que la teoría política considera que hay casos en los que el poder puede haberse recibido legítimamente pero su ejercicio se torna ilegítimo y, por tanto, los súbditos quedan liberados de obediencia a tal soberano porque, de alguna manera, ese poder ha vuelto a Dios. Y en la Edad Media se dio el caso de varios emperadores que “perdieron” de ese modo su poder. Pero quien lo decretaba era el Papa. El caso más conocido es el de Gregorio VII que “despojó” del poder al emperador Enrique IV quien tuvo que sufrir la “humillación de Canossa” para reconciliarse. El problema nuestro es el siguiente: ¿quién tiene la capacidad de “quitarle” al Papa Francisco el poder que recibió legítimamente? ¿Mons. Carlos Viganò? ¿El cardenal Burke? ¿Los obispos americanos? ¿Los fieles? No. Ninguno de ellos. Y desconozco si el derecho canónico prevé alguna suerte de impeachment del Papa por parte del Colegio Cardenalicio o del Concilio Ecuménico. Y aunque lo previera, resulta obvio que el actual Colegio jamás lo utilizaría.
  3. ¿Podría un Papa perder su cargo por inhabilidad moral? Si como parece del todo verosímil, Francisco efectivamente encubrió la mafia lavanda y elevó a puestos importantísimos de la Iglesia a varios de sus miembros, ¿lo hace este gravísimo pecado inhábil para ocupar la sede petrina? Un neocon consecuente diría inmediatamente que así es: para ellos, como al Papa lo elige el Espíritu Santo, necesariamente debe ser un hombre santo -y canonizable-, y si resulta evidente que no es santo, por lo tanto no es Papa porque el Espíritu Santo nunca lo habría elegido. Todos sabemos que esto es una idiotez, y la historia nos lo muestra en muchas ocasiones. Parece apropiado recordar el caso del cardenal Giovanni Ciocchi del Monte que preparó el concilio de Trento, presidió hábilmente su primera sesión y el 7 de febrero de 1550 fue elegido papa con el nombre de Julio III. Una de sus primeras iniciativas como pontífice fue su ciego empeño por conceder el cardenalato a un sospechoso adolescente de baja extracción social y dudosa moral, que había “adoptado” y llevado consigo a Trento cuando era legado y que se convertiría en el gran escándalo de su pontificado. El evidente afecto que Del Monte sentía por el joven provocó, como era de esperar, escabrosos rumores sobre la relación existente entre ambos. Tras la muerte del papa, las correrías y crímenes de ese cardenal continuaron siendo motivo de graves escándalos. Sin embargo, a nadie se le ocurrió pedir la renuncia de Julio III a pesar de su escandalosa vida (Puede verse sobre el tema: von Pastor, Papas vol. XIII, pp. 84-87 y 163-165; entrada «Del Monte, Innocenzo», en DBI; y Francis A. Burkle-Young and Michael Leopoldo Doerrer, The Life of Cardinal Innocenzo Del Monte: A Scandal in Scarlet, E. Mellen, Lewiston, NY 1997. Massarelli ofrece una animada descripción del afecto de Del Monte por el joven en  Concilium tridentinum:… vol. 2, pp. 174-175). Y si el pedido de impeachment fuera motivado por la escandalosa Curia que rodea al Santo Padre y que él mismo cobija, recordemos también que la negativa de los papas de Trento a reformar la Curia fue el motivo principal que estuvo a un tris de hacer fracasar al Concilio, pero ni a los Padre de ese concilio ni al emperador Carlos V se les ocurrió pedir la renuncia del Papa.
  4. ¿Es todo esto signo de que el retorno en gloria y majestad de Nuestro Señor se está acercando? Yo, y seguramente la mayoría de nosotros, tenemos la secreta esperanza de que así sea. Pero no hay que estar tan seguros. En 1522 el piadoso Papa Adriano VI escribía: “Dirás también que confesamos sinceramente que Dios permite esta persecución de su Iglesia por los pecados de los hombres, especialmente de los sacerdotes y prelados... La sagrada Escritura dice en alta voz que los pecados del pueblo tienen su origen en los pecados del clero... Sabemos muy bien que también en esta Santa Sede han, acaecido desde muchos años atrás muchas cosas abominables: abusos en las cosas espirituales, transgresiones de los mandamientos, y hasta que todo esto se ha empeorado. Así, no es de maravillar que la enfermedad se haya propagado de la cabeza a los miembros, de los papas a los prelados. Todos nosotros, prelados y eclesiásticos, nos hemos desviado del camino del derecho, y tiempo ha ya que no hay uno solo que obra el bien (Sal 13 [14], 3). Por eso todos debemos dar gloria a Dios y humillarnos ante su acatamiento; cada uno de nosotros debe considerar por qué ha caído y ha de preferir juzgarse a sí mismo que no ser juzgado por Dios el día de la ira. Por eso prometerás en nuestro nombre que pondremos todo empeño porque se corrija ante todo esta corte romana, de la que tal vez han tornado principio todas estas calamidades; luego, como de aquí salió la enfermedad, por aquí comenzará también la curación y renovación. Sentímonos tanto más obligados a realizar estos propósitos, cuanto el mundo entero desea esa reforma... Sin embargo, nadie se maraville de que no arranquemos de golpe todos los abusos, pues la enfermedad está profundamente arraigada y tiene múltiples capas. Hay que proceder, por tanto, paso a paso y curar primero con buenas medicinas los males más graves y peligrosos, a fin de no embrollar más las cosas por una reforma precipitada. Porque con razón dice Aristóteles que todo súbito cambio de una comunidad es peligroso”. Por lo que dejan ver estas palabras, la situación de buena parte del clero católico y de la Curia romana en el siglo XVI era similar a la actual. Y luego de Adriano, las cosas empeoraron: menos de treinta años después de su muerte, subía al trono Julio III secundado por su mancebo. Y el mundo no se acabó. 
  5. Un comentario reciente en el blog hacía una observación interesante: frente a este estado de situación, la única solución es el cisma. Y la verdad es que la idea parece atrayente. No tendríamos ni siquiera necesidad de elegir a un antipapa porque tenemos a uno emérito: un grupo seguramente pequeño de fieles y obispos prestando fidelidad a Benedicto XVI y la mayoría siguiendo a Francisco, el Papa réprobo. Pero la historia vuelve a ser magistra vitae: en 1033 fue elegido sumo pontífice Benedicto IX, poseedor de una ambición de poder sólo comparable a la de Bergoglio y con casi ninguna virtud… como Bergoglio. Tan catastrófico fue su pontificado, que periódicamente se sucedían protestas públicas del pueblo por su conducta. Hubo escarceos y bravatas y finalmente Benedicto IX abdicó y ocupó el trono Gregorio VI. Pero poco después, Benedicto se arrepintió de su abdicación y decidió ocupar nuevamente el solio, a lo que el sínodo de Sutri (1046) le dijo nones: si usted abdicó, dejó de ser Papa; el que se fue a Sevilla perdió su silla. 

¿Qué hacer entonces? Ahora, la pelota está de lado de Dios. Sabrá Él qué hacer con su Iglesia. En épocas tumultuosas como el siglo XI, hizo surgir a un Gregorio VII, y en otras similares como las del siglo XVI, a San Pío V. No que queda más que esperar y rezar.

martes, 28 de agosto de 2018

Entrelíneas

En la conferencia de prensa que el Papa Francisco brinda habitualmente en sus viajes aéreos, en esta ocasión regresando de Irlanda, hizo referencia al memorándum de Mons. Carlo Viganò. Dijo: “Lean ustedes atentamente el comunicado y saquen su propio juicio. El comunicado habla por sí mismo y ustedes tienen la capacidad periodística suficiente para sacar las conclusiones”. 
Yo, que no soy periodista sino un simple bloggero, obedecí igualmente al Santo Padre y tengo varias conclusiones. Y aquí comparto dos:

Dice Mons. Viganó: “Además, nombró al brasileño Ilson de Jesus Montanari -gran amigo de su secretario privado argentino Fabian Pedacchio-, Secretario de la Congregación para los Obispos y Secretario del Colegio de Cardenales, promoviéndole, en un solo movimiento, de simple oficial de ese dicasterio a Arzobispo Secretario. ¡Nunca se había visto algo así para un cargo tan importante!”. 
Tiene razón en el énfasis de su sorpresa por el incomprensible nombramiento de Montanari: pasar de simple escribiente de un dicasterio a secretario arzobispo de Congregación y, más tarde, secretario del Colegio Cardenalicio es inédito. Los que conocen un poco los entresijos de la Curia saben que el poder en las congregaciones pasa más por el secretario que por el cardenal prefecto. En el caso que comentamos, se trata nada menos que de la Congregación de Obispos. En síntesis, el brasileño Montanari es quien tiene la llave para hacer los obispos de el mundo. 

Pero Mons. Viganò, hábil diplomático, que no da puntada sin hilo, explica que Mons. Montanari es el “gran amigo” del secretario privado del Papa, el padre Fabián Pedacchio. Se trata de un sacerdote argentino que ingresó como oficial de la Congregación de Obispos en 2007 por especial recomendación del entonces cardenal Bergoglio. Mucho antes que el arzobispo porteño fuera elegido Papa, se sabía en Argentina que el P. Pedacchio le pasaba continuamente información acerca de los nombramientos episcopales previstos y acomodaba las carpetas y los documentos de modo tal que fueran favorecidos aquellos candidatos más “adecuados”. Y en 2015 se destapó una noticia, con foto incluida, relativa a conductas un tanto ambiguas del secretario pontificio que no ventilaremos aquí pero que pueden encontrarse fácilmente en Internet. 
Recordar estos hechos sirve como marco adecuado para entender la expresión de Mons. Viganò: Montanari es el “gran amigo” de Pedacchio. Son algo así como "cómplices" o "compinches" de travesuras, oh naughty boys! Pareciera que la “complicidad” con el secretario privado del Santo Padre reporta importantes beneficios.
Vayamos a la segunda conclusión. Dice Mons. Viganò: “Por último, también el reciente nombramiento como Sustituto del Arzobispo Edgar Peña Parra tiene una vinculación con Honduras, es decir, con Maradiaga. Peña Parra, de hecho, prestó servicio de 2003 al 2007 en la Nunciatura en Tegucigalpa como Consejero. Cuando yo era Delegado para las Representaciones Pontificias me habían llegado informaciones preocupantes sobre él”.

El Sustituto de la Secretaría de Estado es el encargado del despacho de los asuntos corrientes del Papa y coordina los demás dicasterios de la Curia y otros organismos de la Santa Sede. Es, en la práctica, la tercera persona con más poder en la Iglesia luego del Papa y el Secretario de Estado. Nuevamente llama la atención este súbito ascenso del venezolano Peña Parra: de nuncio en Mozambique a Sustituto. Y nuevamente también Mons. Viganò nos da algunas pistas. Este señor estuvo cuatro años en la nunciatura de Tegucigalpa donde trabó contacto con el cardenal Madariaga quien, como ya dijimos en el post anterior, está fuertemente sospechado de estafas financieras y de encubrimiento de la profusa actividad homosexual en su propio seminario según testimonio público de los mismos seminaristas. Pero lo más interesante es la coda del párrafo de Viganò: “me habían llegado informaciones preocupantes sobre él”. En el contexto del memorándum y en razón de la temática que trata, parece ocioso preguntarse por el carácter de “preocupante” de esas noticias. Es fácil comprenderlo.
Pareciera, entonces, que dos de los puestos de máximo poder en la Iglesia están en manos de personajes “preocupantes” que han llegado a ellos por medios más bien sospechosos.

-Santo Padre, he sido un hijo fiel. He obedecido su mandato. Como Su Santidad bien dice, el documento de Mons. Viganò habla por sí mismo. He sacado algunas conclusiones. Su Santidad debe renunciar

domingo, 26 de agosto de 2018

Siete trompetas

[Nota previa: escribí este post el sábado por la mañana. A la tarde de ese día, Mons. Carlo Maria Viganò se subió al Enola Gay y dejó caer la bomba atómica sobre el Vaticano. Lo mío es apenas un chasquiboom mojado]


Es este uno de los post más difíciles que me ha tocado escribir. No sé por dónde empezar y mucho menos cómo terminar.
No sé si hemos terminado de caer en la cuenta del pesadísimo bloque de piedra que ha caído sobre nosotros. Hemos sido aplastados. La magnitud y la gravedad de los abusos sexuales cometidos por los miembros del clero ha puesto a la Iglesia en una de las peores situaciones por las que ha debido atravesar a lo largo de su historia. Digámoslo aunque resulte duro: buena parte de la Iglesia está gobernada por una mafia de homosexuales que la ha utilizado para conseguir efebos a fin de satisfacer sus pasiones, y dinero para vivir cómodamente. Y por “gobierno de la Iglesia” me refiero a sacerdotes, obispos y cardenales. Y destaco que no se trata de un par de pecadores: se trata de un sistema perfectamente organizado que aún continúa operando. Esta es la magnitud y el horror de lo ocurrido.
El informe del Gran Jurado de Pennsylvania que se conoció hace pocos días es demoledor. Son mil páginas en las que se reportan detalladamente los abusos sexuales cometidos por trescientos sacerdotes de las seis diócesis que integran ese estado. En un primer momento pensé que estaría inflado; que arrumbarían allí dimes y diretes y cotilleos periodísticos. Pues no. Están los documentos que prueban cada una de las afirmaciones que se hacen con detalles tan escabrosos que la lectura es casi imposible. No sólo se detallan los métodos de seducción a niños, adolescentes y jóvenes que utilizaran estos sacerdotes y lo que hicieron con ellos, sino también se prueba la existencia, incluso, de una verdadera red, en la que, por ejemplo, algunos se dedicaban a la producción de pornografía infantil, y otros “marcaban” a las víctimas consideradas “accesibles” dándoles determinadas medallitas a fin de que pudieran ser identificadas por otros sacerdotes pervertidos. Como ya lo había demostrado hace algunos años un documental brasileño que es mejor no mencionar, la mafia de sacerdotes gay que operaba en el mundo compartía no solamente datos sino también contactos y personas.
Lo que también muestra el informe del Gran Jurado de un modo contundente es el encubrimiento sistemático por parte de los obispos que protegieron incomprensiblemente a los sacerdotes abusadores, trasladándolos a diferentes destinos, desoyendo las denuncias, entorpeciendo la investigación de la justicia, etc. 
Y esto no es algo que sucedió hace décadas. Esto está sucediendo. El sitio Church Militant denunció la semana pasada la existencia de una red integrada por sacerdotes y obispos -presumiblemente comandados todos por el excardenal McCarrick- que suministraba seminaristas homosexuales colombianos a seminarios de varias diócesis de Estados Unidos donde prestaban sus servicios sexuales a los superiores de esas casas de formación a cambio de cobijo y posterior imposición de manos. Puede leerse aquí el reporte. La traducción al castellano pueden encontrarla en este sitio.
La pregunta que asoma necesariamente es hasta dónde llega esta gangrena, cuál es su extensión hacia los costados y hacia arriba. El informe se refiere solamente a lo ocurrido en seis diócesis americanas. Estados Unidos tiene 198 diócesis. ¿Habrá permanecido el resto inmune a este flagelo? No parece verosímil. Y ya sabemos lo ocurrido en otros países americanos: Chile, con seis obispos renunciados por, al menos, encubrimiento y un manto de sospecha sobre el resto; Honduras, con una carta de seminaristas denunciando las extendidas prácticas homosexuales en el seminario nacional y el escándalo del también renunciado obispos auxiliar de Tegucigalpa por cuestiones sexuales, y si cruzamos el Atlántico, la situación no mejora, y si cruzamos el Pacífico ya vemos lo que está ocurriendo en Australia con un obispo en prisión por encubrimiento.
En nuestro país tenemos el caso emblemático de Mons. Juan Carlos Maccarone sobre cuyas refocilaciones no solamente hay testimonios sino también filmaciones. Ya hemos hablando del tema en este sitio. ¿Fue el único? No lo creo. No vamos a dar aquí publicidad a comentarios sin pruebas, pero todos sabemos que son varios obispos más, muchos curas y sabemos también de la existencia pasada y presente de seminarios gay friendly
La discusión pasa ahora por el modo de salir de este pantano, y en esto el rol primero y fundamental lo tiene el Santo Padre. Y lo primero que me pregunto es si Francisco puede o quiere hacer algo al respecto. La respuesta obvia debería ser rotundamente afirmativa, pero no creo que sea tan fácil. El Papa Benedicto XVI hizo mucho pero se dio cuenta ya no podía hacer más y por eso renunció. Cada vez me convenzo más que ésta -la infiltración de la mafia lavanda en la Iglesia- fue el factor determinante que forzó su lamentada renuncia. Es un problema que viene de lejos y este tipo de cosas, como los árboles, hunden sus raíces cada vez más profundamente y cada vez resulta más difícil arrancarlas. Las casi tres décadas del pontificado de Juan Pablo II fueron catastróficas en este sentido. Bajo sus propias narices se extendía un reguero que no puede ser ya detenido. Y no me refiero solamente al caso de Marcial Maciel. Por esos años corrían en Roma rumores que los incrédulos consideraban maledicencias pero que ahora aparecen como muy verosímiles y que es mejor no ventilar. ¿Cómo extirpar ahora un tumor tan grande? No es tarea fácil para el Papa “hacer algo”, aunque después de cinco años de pontificado algo hizo, muy poco y no sirvió para nada. Este problema no se resuelve con una Carta al Pueblo de Dios; se necesitan que muchas cabezas rueden y no solamente la de un cardenal octogenario y la de seis obispos chilenos. Se necesitan que rebane muchas más cabezas y, según el Washington Post, un antiguo defensor a ultranza del pontificado bergóglico, debe rodar la suya propia, la del mismo Papa.

¿Afilará el Papa Francisco la urgente y necesaria guillotina? Veamos algunos hechos de su historial que podrán darnos una pista:
  1. Cuando se destapó el caso Maccarone, el entonces cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, emitió un comunicado en el que manifestaba su “agradecimiento” al ex obispo de Santiago del Estero por la labor cumplida en aquella diócesis “al servicio de los pobres y de quienes tienen la vida y la fe amenazadas” y le expresaban su “afecto, comprensión y oración”, y su vocero afirmó que el video difundido con escenas de una relación sexual entre el obispo y su chofer correspondía a “la vida privada” de Mons. Maccarone.
  2. Son varios los casos que reportan los sacerdotes de la arquidiócesis de Buenos Aires relativos al encubrimiento de pedófilos por parte de Bergoglio. Por ejemplo, uno que está documentado periodísticamente: Gabriel Ferrini, abusado cuando tenía 15 años por el sacerdote Rubén Pardo, de la diócesis de Quilmes. Cuando el caso fue denunciado a su obispo y luego a la justicia, el sacerdote se fugó y fue recibido y encubierto por el cardenal Bergoglio en el Hogar Sacerdotal de Condarco 581 del barrio porteño de Flores. Con la ayuda del mismo cardenal, huyó cuando su escondite finalmente fue descubierto por la justicia, y finalmente  murió de HIV, escondido en una ciudad del nordeste argentino. Aquí pueden encontrar los detalles del caso.
  3. Apenas llegado al Solio, nombró a Mons. Battista Ricca, uno de los iconos más relevantes de la mafia gay enquistada en la Curia Romana, en un altísimo puesto relativo al control de las finanzas vaticanas.
  4. Aupó y dio sobradas muestras de afecto al cardenal Daneels, encubridor serial de sacerdotes y obispos abusadores belgas y concede todo tipo favores y resarcimientos al cardenal Mahony, acusado también de encubridor por la justicia americana quien es, además, uno de sus cercanos consejeros.
  5. Nombró y aún mantiene en el famoso e inútil G-8 al cardenal Madariaga, encubridor del obispo Juan José Pineda y último responsable del escandaloso seminario de Honduras.
  6. Creó cardenales a personajes estrechamente relacionados al cardenal McCarrick, como Farrell, Cupich y Tobin, los tres profundamente comprometidos con las políticas gay friendely y con las reformas francisquistas, y que necesariamente debieron estar al tanto de las denuncias contra el “Tío Ted” y conocido sus andanzas con muchachitos. Y a otros como Sergio Obeso Rivera, en el último consistorio, que acaba de declarar que “las víctimas deberían de avergonzarse de hablar”.
  7. Contrariamente, ha ninguneado y relegado a obispos que se han distinguidos por la lucha contra la pedofilia. El caso más emblemático es el de Mons. Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia, que realizó la investigación y depuración de los Legionarios de Cristo y que hace años debería ser cardenal.
  8. Acerquemos la lupa a un caso más cercano aunque seamos repetitivos.El P. Carlos Miguel Buela, fundador del Instituto del Verbo Encarnado, es “para la Iglesia, y desde hace tiempo, culpable”. Así lo admitió a los medios gráficos el vocero del obispado de San Rafael, y es culpable de abuso psicológico y abuso sexual perpetrado contra seminaristas y jóvenes sacerdotes. Después de muchas vueltas, el “castigo” que le infligió el Papa Francisco fue residir en un cómodo departamento de la ciudad de Génova. (Aquí pueden leer una reciente síntesis del accionar de este personaje). A fin de poner orden en el IVE, cuya cúpula sabía de las andanzas del fundador y las justificaban como producto de una enfermedad, la Santa Sede decidió intervenir el capítulo general que tuvo lugar el año pasado, y nombró como interventor a uno de los favoritos del Santo Padre, el cardenal Francesco Coccopalmerio. Casualmente, hace unos meses la gendarmería vaticana detuvo al secretario de este purpurado en su departamento vaticano, en medio de una orgía de drogas y sexo homosexual.
Podríamos seguir pero estos indicios bastan para convencernos de que el Papa Francisco no hará nada más que palabras, cartas y alguna lágrima perdida. No esperemos que corte las cabezas que tiene que cortar. Por todo esto, no veo yo salida alguna del pantano, y por eso mismo no sé cómo va a terminar esta historia. 
Repitámoslo: existe hoy en la Iglesia católica una red internacional organizada de activismo homosexual y cuya existencia amenaza no solamente al sacerdocio y a la vida religiosa sino a toda la Iglesia Universal. 
Sub umbra alarum tuarum protege nos.

Para quienes les interese profundizar en este tema es de lectura imprescindible del libro de la periodista de investigación Randy Engel, católica devota, The Rite of Sodomy. Homosexuality and Roman Catholic Church. Son más de mil trescientas páginas de datos e investigaciones en las que, hace trece años, relataba lo que en esos momentos parecía una fantasía y hoy se revela como verdadero. Puede bajarlo desde aquí.


[Después de las revelaciones de Mons. Viganò, lo que yo solamente me animaba a sugerir entre líneas, ha quedado claro: el Papa Francisco integra la red de protección a una enorme e impensada cantidad de cardenales, obispos y sacerdotes homosexuales que practicaron y practican su vicio entre ellos y con seminaristas, jóvenes y adolescentes. Esta es la estremecedora realidad. 
¿Todos estos personajes, incluido el Sumo Pontífice, tienen fe? Viganò relata, como un ejemplo entre tantísimos que le tocó conocer, que McCarrick junto con otros dos sacerdotes luego de una noche de desenfreno orgiástico del que también participaban seminaristas, al día siguiente concelebraban la Santa Misa. No es posible que gente de esta calaña tenga fe. Y es a ellos y a muchos como ellos, y a sabiendas de lo ocurrido, a quienes protegió el Santo Padre. ¿Por qué lo hizo? Uno de los motivos que da el nuncio apostólico es porque McCarrick operó antes del cónclave para que resultara elegido. ¿Fue ese el único motivo? Desde hace años se escuchan algunos más que por ahora no pasan de rumores, pero no que me sorprendería que Stiuso tenga grabaciones comprometedoras.
¿Qué hacer ahora para salir del lodazal? No lo sé, y no sé si alguien lo sabe. Algo va a ocurrir. Como dice Ludovicus, Bergoglio chocó la calesita. ¿Renunciará? Supongamos que lo hace. Será un enorme alivio para todos pero no será la solución del problema. ¿Qué candidato querrá hacerse cargo de una papa tan caliente? Y aquí no es sólo cuestión de querer; es ser capaz de sacar a la Iglesia de esta situación. Supongamos que pide la renuncia a todos los obispos del mundo. ¿A quién nombra? ¿Es que los sacerdotes son mucho mejores que los obispos y garantizarán una transición de retorno a la fe? No lo creo. Ciertamente que hay muchos sacerdotes buenos y santos, mucho mejores que los obispos, pero ¿son esas condiciones suficientes?
¿No será, acaso, llegada la hora de mirar con más atención a la higuera y prepararnos para escuchar el metálico y estridente sonido de siete trompetas?]